1 de marzo de 2017

Desafíos éticos en Internet: comunicar las verdades (I)



“Pero lo que importa no es el resultado, sino el proceso. La fidelidad con que hagamos girar hasta el infinito el molino de la plegaria y de la escritura, descubriendo poco a poco la verdad.”
Humberto Eco, El péndulo de Foucault

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Escultura de Alfred Stevens, La verdad y la falsedad
Si todo fuera tan sencillo como el deseo de Miguel  de Unamuno, de encontrar  la verdad en la vida y la vida en la verdad. Si todo fuera tan sencillo como aquella escultura que sin desasosiego Alfred Stevens nombró La verdad y la falsedad, en un intento por representar, para el futuro, esa fuerza telúrica y voraz de lo que es y lo que intenta ser, tras disfraces y ficciones.

Mientras hacemos el intento por entender o descifrar conceptos, los días pasan, los avances de la ciencia y la tecnología nos sorprenden, nos exigen más aptitudes y menos miedos; y con esos avances llegan imposiciones más estrictas y controles más rigurosos para nuestros deseos, nuestras acciones, nuestros desconocimientos. Hoy es mucho más fácil hacer, pero también, mucho más difícil no equivocarse. Más vías, métodos, exigencias, formatos, equipos, programas… más tecnología impone mayor sagacidad para enfrentarla y hacer útil su uso.
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En ese contexto de conflictos existenciales y técnicos, “Internet es un monstruo superinmenso, entonces o te colocas en él para decir tu verdad aunque sea alternativa, o no existes.” (Acosta, N. en Rodríguez, A. 2005)

Internet es, más que una comodidad, un amasijo de regulaciones, principalmente éticas y morales. Y es en ese punto en el que salen a relucir las obligaciones del periodista recogidas por el código internacional que “es de obligatorio cumplimiento en todos los países democráticos del mundo por la totalidad de periodistas íntegros”. Es este uno de los documentos principales en cuanto al control de la  actividad periodística y por ello defiende “el derecho del pueblo a una información verídica a partir de una imagen objetiva de la realidad por medio de una información precisa y completa, ya que  la tarea primordial del periodista es la de servir el derecho a una información verídica y auténtica, porque tiene una responsabilidad social”.
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Evolución de Internet desde su surgimiento, infografía de RIANOVOSTI

¿Y, entonces, cómo actuar si somos parte de esa inmensa red? 

Sí es posible decir y hacer verdades desde Internet, a partir de la conciencia moral y ética del periodista para servir al público al que se debe, usuarios que en la red de redes son, al mismo tiempo, clientes y agentes reguladores. Son esas verdades verificables las que debe perseguir y exponer el buen periodismo: la realidad expresada en argumentos, hechos y fuentes que garanticen la credibilidad de los profesionales de la palabra.

Como diría Aristóteles, persuadir a través del discurso, requiere la demostración de “lo verdadero o lo verosímil sobre la base de lo que en cada caso es apto para persuadir”.

Pero como Nietzsche, muchos han pensado que llegar hasta la verdad es un sueño inalcanzable, quizás por las características innatas del hombre como ser que va labrando individualmente sus conceptos y realidades, bajo el empuje de su propia subjetividad. Al fin y al cabo, evolucionamos como especie, inventándonos instrumentos de caza, maneras para encender una fogata, formas de protegernos de las inclemencias del tiempo, nos inventamos jerarquías y conceptos de vida, nos inventamos una sociedad modelada a partir de esas verdades que nos íbamos imponiendo. Como lo describe el propio Nietzsche, estábamos creando un tratado de paz que prometía conllevarnos al primer paso para la consecución de ese misterioso impulso hacia la verdad. 

desafios_eticos_internet_laletracorta“En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aquí el engaño, la adulación, la mentira y el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad” (Nietzsche, F. s/f).

Poco a poco, desde la prehistoria, fuimos asimilando preceptos morales, en un estadio muy incipiente de aprehensión de esas regulaciones, pero limitándonos en cierta medida, desde entonces, ante códigos, normas y métodos de conducta, que aunque no estaban estipulados, establecidos o legalizados, paulatinamente fueron ganando importancia y reconocimiento colectivo. Así surgieron también nuestras propias verdades, lo que debíamos o no debíamos hacer, lo que otros debían o no debían hacer.

Por este camino apareció la ética como una ciencia normativa que se ha ocupado de estipular las normas de la conducta humana.

El periodista cubano Julio García Luis, afirma que la moral existe a  escala  de  toda  la  sociedad,  matizada  por  los  intereses  y posiciones de las clases y grupos dominantes, y a escala del individuo, como componente singular y central de la personalidad.  

“La moral es histórica y es concreta, ocupa un lugar nuclear en la superestructura social en su conjunto, desde  la  cual informa  y  a  la  vez  se  interpenetra  con  todo  el  cuerpo económico,  político,  social  y  cultural  de  la  sociedad.    Esa  vastedad  de características  y  determinaciones  ha  hecho  con  frecuencia  difícil  abarcar  conceptualmente a este fenómeno.” (García Luis, J. 2004)

En este sentido debemos entender la conciencia moral en su expresión a través de nuestros valores, normas y hábitos  profesionales los cuales ponemos en práctica diariamente como individuos y como profesionales.

Entonces, por ética periodística entiende Luis Ramiro Beltrán (2004): “La manera moral de ser y de hacer del periodista regida por su profunda identificación con principios y normas de adhesión a la verdad, a la equidad, al respeto por la dignidad y por la intimidad de las personas, al ejercicio de la responsabilidad social y a la búsqueda del bien común”.

Por otra parte, además del entramado de designaciones de las cosas uniformemente válida y obligatoria desde el punto de vista de lo socialmente establecido como verdadero, aparece la mentira. “Por eso los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados mediante el engaño; en este estadio tampoco detestan en rigor el embuste, sino las consecuencias perniciosas, hostiles, de ciertas clases de embustes” (Nietzsche, F. s/f). Y en este sentido aparece una inclinación moral hacia la verdad, hacia lo honesto, lo confiable, en contraste con lo que nos indica falsedad, cuestiones que la mayoría de los sujetos excluyen, fundamentalmente por las implicaciones negativas que para ellos pueda tener.

No obstante, no sólo intentamos llegar a la verdad mediante el lenguaje directo conceptual, sino también a través de símbolos, a través del significado semiótico de nuestros gestos y nuestras acciones, a través de un sinnúmero de formas discursivas que muchas veces realizamos de manera inconsciente y mecánica.

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Nota de la Agencia EFE publicada el 4 de marzo de 1981
Diferentes imágenes nos presentan caminos hacia la verdad: tanto la imagen natural (concepto que desde la filosofía se refiere a la representación de un objeto sensible mediante otros objetos sensibles) como la imagen ideal (concepto que desde la filosofía se refiere a la representación de ideas abstractas o estados sensibles indefinidos a través de formas concretas, reuniendo cualidades o atributos). Tanto la imagen natural como la ideal son medios idóneos de acceso a la verdad, pues son productos nuevos, permeados de razón utópica, fantasía y sensibilidad. Entre ellas definimos nuestra concepción de la realidad, la que asumimos y la que exponemos a otros.


Teniendo en cuenta eso y aplicándolo al campo de la comunicación, los medios de difusión masiva juegan un rol fundamental en la producción de consenso social y en la legitimación de los mensajes que transmiten mediante la producción y circulación de elementos de significado. Es decir, los públicos se van adueñando de la realidad y construyendo sus propios referentes de ella, a partir de lo que proyectan los medios que habitualmente consumen.

Perseguir la verdad es una actividad inherente a nuestro instinto humano, o mejor aún, constituye uno de los principales objetivos del hombre para consumarse como ser pensante y racional, fundamentalmente en la actualidad, cuando se diversifican los escenarios para exponer criterios, informaciones, conocimientos. 

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Cada vez se hace más necesario analizar y actualizar los postulados sobre la verdad para asegurar su implementación en esos contextos cotidianos que evolucionan día tras día, fundamentalmente en Internet, que intenta posicionarse como uno de los ejes de la vida contemporánea (aunque para muchos ya funciona como tal). (Por Laura Barrera Jerez)


SUGERIMOS QUE VEA:
La felicidad del pobre, por Eduardo Pérez Otaño

Carta abierta a los inconformes ante la verdad, por Eduardo Pérez Otaño

El deber de la prensa en Cuba (II): la esfera pública, por Eduardo Pérez Otaño

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