3 de abril de 2017

Lenín presidente



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Luego de una apretada carrera electoral los resultados finales de las elecciones en el Ecuador dieron como ganador a Lenín Moreno en representación de Alianza País, el movimiento que encabeza desde hace diez años el presidente saliente Rafael Correa. La victoria asegura un poco de tranquilidad para las fuerzas progresistas en el continente, las que habían cifrado en el centro del mundo la batalla crucial.

Por un margen relativamente estrecho, en comparación con anteriores elecciones, se impuso la continuidad de la Revolución Ciudadana. De ese modo se rompe la cadena de fracasos que la izquierda había padecido en los últimos dos años, desde que Daniel Scioli, candidato representante del kirchnerismo, perdiera ante un flamante Mauricio Macri que aseguraba un “cambio” para la Argentina.

Hay claves, sin embargo, que deben tenerse en cuenta a partir de un análisis preliminar de estos resultados en el Ecuador. El margen, poco más de dos puntos entre Moreno y Guillermo Lasso, aunque asegura la victoria en sí misma, deja un país extremadamente dividido: de un lado los que apuestan a la Alianza País, del otro los que apuestan a todo lo que no sea correísmo.

Es cierto. No puede negarse la influencia notable de la propaganda sucia que hubo, los millones que corrieron de mano en mano, dinero proveniente de todas partes en este mundo donde los sucesos del Ecuador repercuten en España e incluso más lejos. También es cierta la influencia de un sector mediático envalentonado y al servicio de la alianza encabezada por Lasso. Sin embargo, la política de confrontación llevada adelante durante esta década por Rafael Correa, la falta de una perspectiva lo suficientemente clara para una clase media necesitada de más y la carencia de diálogo serio con esos para quienes el socialismo no significa una esperanza verdadera, han llevado al lado opuesto a cerca del 48% de la población.

Fueron esos mismos que votaron en contra de una legislación que prohibiera a los millonarios llevarse su dinero fuera del país y situarlo en paraísos fiscales, es decir, esos que contra toda lógica aprobaron la corrupción de los más ricos por el simple hecho de que la propuesta legislativa la hacía Alianza País. Ese voto fue, en lo esencial, de castigo.

Lenín Moreno lo tiene difícil. Nadie crea que es tarea fácil sumar a casi la mitad de la población a un proyecto que se nota desgastado. Es posible, cierto. El espíritu de crecimiento que representa el nuevo presidente del Ecuador puede insuflar a la Revolución Ciudadana nuevos aires que continúen fortaleciendo la filosofía del buen vivir.

Con la victoria de Moreno se salva la UNASUR. Lasso, el candidato perdedor, ya había anunciado que arrendaría el edificio donde la organización suramericana radica, acción con la cual desmontaría de un plumazo uno de los pilares de la integración regional. También con este triunfo se da un poco de respiro a la Venezuela de Maduro, quien lo tiene muy complejo también en estos días.

La izquierda en Brasil, inspirada, comenzará de seguro a articularse de modo más orgánico para hacer frente a la arremetida neoliberal de Michel Temer y de paso, con el triunfo de la Revolución Ciudadana, se envía una clara señal a Donald Trump y los planeadores de la Casa Blanca.

Algunos habían señalado la muerte de la izquierda y esta aun no ocurre. Está maltrecha, esto es innegable, pero hasta de las peores heridas de guerra es posible la recuperación. Solo se necesita tiempo, voluntad y un buen médico de cabecera. Ese papel le corresponde ahora a Lenín Moreno en el Ecuador, justo al centro del mundo. (Por Eduardo Pérez Otaño)


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