20 de febrero de 2017

El dilema de ser periodista: que continúe el debate



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Martí demostró con sobrados ejemplos la valía de hacer una obra periodística ajustada a las condiciones en que se desarrolla, y sin perder el necesario papel de vanguardia. Cuba, a más de un siglo de aquella época que viera obrar al Maestro, también exige de las bondades de esta profesión.

Mas por momentos parece el periodismo quedar dormido o carente de energías suficientes. En otros es banal, superfluo, poco profundo, e incluso, irreal. En ocasiones se torna incapaz de encontrar el punto exacto, de tocar el nervio que hace temblar el cuerpo…

Ahora bien, no todo cae sobre los periodistas. La mentalidad cierra muchas veces los caminos imponiendo el secretismo y la falta de reconocimiento a lo que pudiera ser una vía de progreso, un instrumento para el triunfo.

No son pocos los dirigentes que niegan una respuesta precisa, o la enmascaran con las mismas palabras de siempre vacías de significado, o exigen permisos innecesarios, autorizaciones, papeles y más papeles, y al fin… nada.

Los frenos son reales, están ahí, y siempre lo estarán. ¿Son acaso más fuertes en estos tiempos o se carece de voluntad?

¿La censura? Sí, existe y es necesaria, a juicio de quien estas líneas escribe; pero no debe convertirse en el látigo que azota, sino en el maestro que, justo a tiempo, pone mesura en las acciones de sus aprendices.

Leo ahora fragmentos de Una Prensa Libre y Responsable, por The Commission on Freedom of the Press (Comisión Hutchins), publicado hace setenta años, y estos arrojan más luz sobre la cuestión:

Hoy nuestra sociedad requiere, primeramente, una entrega verdadera, completa, inteligente y analítica del acontecer diario en un contexto que les dé sentido. En segundo lugar, se busca un foro para el intercambio de opinión y crítica. Tercero, se requiere un medio para proyectar e intercambiar las actitudes y opiniones de los distintos grupos sociales. Cuarto, una forma de presentar y clarificar las metas y valores de la sociedad. Quinto, buscar una manera de llegar a cada miembro de la sociedad con las corrientes de pensamiento, información y sentimiento que la prensa provee.

Son estas las misiones del periodismo cubano de hoy, un periodismo que además de arma de combate sea también arma de reflexión, tan necesaria y urgente en estos días.

No puede ser el periodista el lobo de la sociedad, ni verse como el enemigo del progreso. Es imprescindible que juegue su papel de guía inteligente, efectivo y eficaz, con el empleo del verbo ágil, aunque hiera. Son estas heridas necesarias para evitar males mayores. Llegará el tiempo en que la presencia de un profesional de la prensa no genere interrogantes sino exclamaciones.

Y en ese afán aspiramos a que continúe el debate sobre qué modelo de prensa demanda el país que construimos día a día. (Por Eduardo Pérez Otaño)
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