19 de abril de 2017

Carta abierta al Ministro de Relaciones Exteriores: Rajoy no es bienvenido en Cuba




Por Eduardo Pérez Otaño

Ministro Bruno Rodríguez Parrilla: 


En la tarde del lunes 17 de abril comunicaron nuestros medios que ha sido usted recibido por las más altas autoridades de la monarquía y el gobierno españoles. Hemos conocido por fuentes oficiales, que ha transmitido usted una invitación formal y oficial, para que el Señor Mariano Rajoy, presidente del gobierno español, visite Cuba.


No pudo escogerse fecha más inoportuna ni noticia más ingrata para darse a conocer justo el día en que se conmemora un aniversario más del inicio de la invasión de Playa Girón, cuando los Estados Unidos intentó retomar por la fuerza los mandos del país. Debo confesar que he meditado sobre la cuestión y no deja de ser inaceptable. Me permito dirigirme a usted en ejercicio de un derecho ciudadano y de un deber moral.


Ha esgrimido usted, entre otras justificantes, el “agradecimiento” por la posición asumida por el gobierno español en las negociaciones que recientemente concluyeron entre la Unión Europea y Cuba. Discrepo con su discurso al respecto.


La obtención de los derechos, ministro, no se agradecen. No hay nada que agradecer al señor Mariano Rajoy por haberse alineado al resto de las naciones europeas para derogar la injusta posición común que un día decidieron adoptar los viejos colonizadores. No es esa justificación suficiente ni decorosa para tender una mano que puede ser mordida por las víboras, que ven en esta tierra en medio del Caribe la oportunidad perfecta para la recolonización.


Agradezcamos, sí, al pueblo español que reconoció siempre la injusticia que cometió el gobierno de José María Aznar cuando decidió apoyar tamaño error histórico. Agradezcamos, sí, a los grupos de solidaridad con Cuba que en la península ibérica batallaron día y noche para obligar a sus gobernantes a cambiar de aptitud. Agradezcamos, sí, a la dignidad con que asumimos los de acá el hecho de que Europa en su casi totalidad decidiera darnos la espalda.


A ese mismo pueblo español que el señor Rajoy ha convertido en blanco de la más despiadada receta neoliberal; a esos que han enviado a la indigencia por no tener un trabajo digno que les permita pagar vivienda, electricidad y comida; a esos que reprime en las calles con todos los medios posibles por oponerse a sus políticas; a esos debemos agradecer por su resistencia y por su dignidad, por representar lo mejor de un continente que no ha logrado extirpar el extremismo y la xenofobia.


Usted ha invitado, y me permito insistir aunque sé que lo conoce perfectamente, al mismo que apoya abiertamente la más hostil campaña contra la Venezuela chavista; al Mariano Rajoy que aboga por una OTAN más activa y belicosa; al gobernante que declara como fracasado el modelo de la izquierda en América Latina y no duda en apoyar cuanto acto se organiza en cualquier parte del mundo en contra de los movimientos progresistas en la región.

Usted tendió la mano y la invitación al mismo señor que aparece como uno de los principales implicados en uno de los mayores escándalos de corrupción en España, el llamado Caso Bárcenas; a ese que considera a los migrantes como un mal que debe ser extirpado; a ese que, según las estadísticas reconocidas a nivel internacional, ha logrado llevar al desempleo a una de cada cinco personas y al cincuenta por ciento de los jóvenes universitarios; al que aboga por la intervención directa en Siria y de paso apoya la coalición encabezada por Estados Unidos que irrespeta la soberanía de aquel país. 


Hablamos, en fin, del Mariano Rajoy que representa las posiciones más antiprogresistas y colonizadoras que puedan encontrarse en la vieja Europa.


Usted que dirigió uno de los medios de comunicación más importantes de este país; usted a quien le han correspondido algunas de las más difíciles y complejas negociaciones diplomáticas en las cuales se ha enrolado la cancillería cubana; usted conoce sin lugar a dudas el poder de los símbolos, el significado de los gestos, la trascendencia de las palabras.


Habrá quienes crean extremista mi posición. Habrá quienes, en nombre del “progreso económico”, pongan a un lado las “diferencias ideológicas”. Habrá incluso quienes digan que la política es una cosa y otra muy diferente es la economía y los negocios. Sin embargo, si algo hemos aprendido en los últimos ciento cincuenta años, desde que Céspedes se levantó contra la metrópoli española, es que ni en nombre de la economía, ni en nombre siquiera de la supuesta “civilidad” serán negociables el decoro y los principios.


Es por cuestión de principios, ministro, que me dirijo a usted. Es por cuestión de principios elementales que el Señor Mariano Rajoy no es bienvenido en Cuba. Es por cuestión de principios y de decencia histórica.
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