9 de marzo de 2017

Alicia, el ballet, Cuba



Alicia, el ballet, Cuba
Alicia baila como baila el viento, reza un poema de los tantos que aluden a una de las más destacadas figuras de la cultura cubana del siglo XX e inicios del XXI; porque Alicia Alonso pertenece a esa generación de creadores incansables, de buscadores de sueños, de cubanos por definición propia y universal.

Cuando las nuevas tendencias en la música y el arte en general, pretenden imponer estilos y formas de entender la creación como un acto alejado de valores estéticos y éticos; cuando abundan las extravagancias y se intenta imponer la filosofía de que lo mejor es lo que más rápido vende, pareciera que Alicia y el Ballet Nacional de Cuba (BNC) se han quedado rezagados en esta re conformación del panorama cultural cubano.

Si usted, como yo, es de los que piensa en tal posibilidad, pero aun así se aferra a asistir al teatro cada vez que se pone en cartelera alguna de las obras de esta institución cultural, le sorprenderá ver cómo más de medio siglo después, el BNC sigue cautivando a miles de espectadores tanto nacionales como foráneos. 

Y Alicia y sus muchachas y muchachos, bailan siempre como si lo hicieran en Nueva York o en Moscú, como si sus gráciles movimientos fueran dirigidos a los más destacados críticos de ballet o a los más especializados círculos del arte.

Si algo jamás se atrevería a hacer quien estas líneas escribe, sería aventurarse a realizar una crítica sobre determinadas áreas de la creación que son en extremo respetadas; pero ello no me sustrae de reconocer la magnificencia de las puestas del BNC más allá de la versión o posición oficial de los críticos. Y lo digo como espectador consciente de lo que puede significar en términos de costo e ingreso una presentación como esta, en un teatro como el que, luego de restaurado, lleva por nombre el de la prima ballerina assoluta.

Pero Alicia apuesta también por su público, el mismo que desde hace decenas de años confía en la institución que dirige, en su compromiso, en su constante búsqueda y en su permanente entrega. Cuba baila con la Alonso y vibra con su Ballet, porque sabe que en cada uno de sus integrantes hay un poquito de cubano que ha sido representado en los mejores escenarios del mundo.

Y de vuelta al Gran Teatro de La Habana, Coppelia o cualquier otra propuesta, cuentan de inmediato con el respaldo de miles de cubanos que saben que el Ballet también les pertenece, aunque algunos se empeñen en incluirlo entre la alta cultura y exijan determinados niveles de apreciación.

Porque el Ballet no compite con el reggaetón o con otros géneros; porque el Ballet es el Ballet y es Cuba; porque Alicia es el Ballet y porque con ella bailamos todos, vibramos todos, somos cubanos todos. (Por Eduardo Pérez Otaño)


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