31 ene. 2017

Apuntes para una historia no contada: el quinquenio gris (Parte II)



Bajo el sello de Pavón
Apuntes para una historia no contada...Parte IIComo explicábamos en el artículo anterior, la aparición de Luis Pavón Tamayo se debió a la publicación de los libros Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, y Fuera del juego, de Heberto Padilla, dos textos que habían sido premiados por la UNEAC.
Según señala Ambrosio Fornet en conferencia leída el 30 de enero de 2007 en la Casa de las Américas (como parte del ciclo La política cultural del período revolucionario: Memoria y reflexión, organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios), «fue entonces --entre noviembre y diciembre de 1968-- cuando aparecieron en la revista Verde Olivo cinco artículos cuya autoría se atribuye a Luis Pavón Tamayo, conjetura por lo demás indemostrable porque el autor utilizó un pseudónimo --el tristemente célebre Leopoldo Ávila-- que hasta ahora no ha sido reivindicado por nadie».
Según describe el autor, el primer artículo se refería a la conducta de Guillermo Cabrera Infante, quien en una revista de Buenos Aires se había declarado enemigo de la Revolución. A este le siguieron dos trabajos dedicados a Padilla y a Arrufat, y otros tantos a temas literarios.
Como asegura Fornet, «el torneo ideológico anunciado por Ávila se insinuaba en ocasionales escaramuzas, pero había ido adquiriendo gradualmente un carácter cada vez más internacional debido en parte a los ataques a la Revolución que habían hecho en Europa varios intelectuales --Dumont, Karol, Enzensberger…-- y en parte a que uno de los jurados que premió a Arrufat y Padilla --el crítico inglés J. M. Cohen-- decidió participar a su manera en el debate».

En otro sentido, analizando la historia de publicaciones como Caimán Barbudo, a la cual pertenecían muchos de los escritores que más tardes serían “reformados”, se pueden llegar a algunas conclusiones.
Isaíris Sosa y Yuliet Pérez en el artículo titulado El Caimán Barbudo: Para una mirada expedita al campo cultural cubano de 1966 a 1980, describen cómo en los años 70 la publicación se dedicó a reproducir discursos, resoluciones, convocatorias, llamamientos y otros textos con lo que fue una constante en la publicación luego de que, en 1968, Félix Sautié fuera designado director de la publicación. Durante mucho tiempo serían “cuadros” de la Unión de Jóvenes Comunistas quienes ocuparían indistintamente la dirección de la revista.
En un momento de su artículo aseguran:
«En estos años de la década del 70, el debate y la polémica desaparecen por completo de las páginas del Caimán, en concomitancia con la política trazada por la UJC y expresada en la carta enviada por el entonces Secretario General, Jaime Crombet, a la revista al comenzar su “segunda época”. En uno de sus párrafos se leía: En el último editorial de El Caimán Barbudo se plantea como política “No es nuestro interés entrar en el debate en el campo de la literatura y el arte. Un elemental sentido de la modestia nos obliga en este terreno a estudiar, observar, más que a pretender teorizar o polemizar”
Y aseguran las autoras:
«Todo ello condiciona que la publicación, en la primera mitad de los 70, se nos presente “almidonada” y con cierto sabor a Caimán temeroso […]. En aquellos años en que no había mucho espacio para la confrontación, El Caimán… fue el espíritu de esa sociedad cerrada, dogmatizada. Fue un reflejo de lo que fue el país, la cultura, en esos años»
Mientras, en el artículo Quinquenio Gris en Cuba: la música “prohibida”, de Harold Cárdenas Lema, publicado por el sitio digital www.chiringadecuba.com se asegura:
«Existen dos discursos políticos que definieron la época, en lo que se conoce como las Palabras a los Intelectuales, Fidel prometía que en Cuba no se permitirían los excesos cometidos en otros países socialistas, su discurso era a todas luces tranquilizador y lo mostraba como el gran estadista que sería, pero sucedió que dicho encuentro se tradujo en la mente de muchas personas a través de una frase que resalta por su ambigüedad: dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada, lo que quedó dentro y fuera, estuvo a la merced de la imaginación de los funcionarios de la época».
Precisamente es en este ambiente en el cual se desarrolla el Primer Congreso de Educación y Cultura, efectuado en salones del Hotel Habana Libre entre el 23 y el 30 de abril de 1971.
Según recoge Ambrosio Fornet en la conferencia anteriormente citada, en su discurso de clausura, Fidel acusaría de arrogantes y prepotentes a aquellos «liberales burgueses», instrumentos del colonialismo cultural, que intervenían en nuestros asuntos internos sin tener la menor idea de lo que eran nuestros verdaderos problemas: la necesidad de defendernos del imperialismo, la obligación de atender y abastecer a millones de niños en las escuelas…
«Hay que estar locos de remate, adormecidos hasta el infinito –dijo--, marginados de la realidad del mundo» para creer «que los problemas de este país pueden ser los problemas de dos o tres ovejas descarriadas…», o que alguien, desde París, Londres o Roma, podía erigirse en juez para dictarnos normativas.
 Por lo pronto, intelectuales de ese tipo nunca volverían aquí como jurados de nuestros concursos literarios, ni como colaboradores de nuestras revistas…
Y más adelante asegura Fornet:
«Nosotros --los jóvenes que nos creíamos herederos y representantes de la vanguardia en el terreno artístico y literario-- no podíamos comulgar con esa visión…, serio problema, puesto que en los círculos dogmáticos venía cobrando fuerza la idea de que las discrepancias estéticas ocultaban discrepancias políticas
(Por Eduardo Pérez Otaño)
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