4 de julio de 2017

Lorca viene con Carlos

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¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro!  No vale silbar desde las ventanas.
F.G.L
Por Laura Barrera Jerez

El perro de Carlos se llama Federico. Los animales quizás no entiendan los símbolos, pero al final, cada objeto o sujeto existente es una alegoría.

Desde hace muchos años, Carlos hace teatro. Lorca le había dado las pistas: ¿Por qué cuatro caballos blancos componen el público? ¿Por qué un joven de quince años no puede interpretar el personaje de Julieta? ¿Por qué Gonzalo abomina las máscaras y ama al Director? ¿Por qué son los Estudiantes quienes entienden  que al final no importa si el otro es hombre, mujer, niño o cocodrilo: basta enamorarse?

Ser homosexual en 1930 era un delito. Además, corrías el riesgo de hacerte millones de preguntas como estas y terminar escribiendo una obra como “El Público”. Federico García Lorca lo sabía: “Todo el teatro sale de las humedades confinadas. Todo el teatro verdadero tiene un profundo hedor de luna pasada. Cuando los trajes hablan, las personas vivas son ya botones de hueso en las paredes del calvario”.

Lorca entendía que era una obra irrepresentable en aquel momento. Sus amigos no comprendieron nada cuando Federico la leyó frente a ellos. Entonces, le entregó los papeles a Rafael Martínez Nadal. El autor no estaba apresurado, se conformó con pronosticar  que diez o veinte años después, la obra sería un éxito.

Lorca fue asesinado. El manuscrito estuvo en silencio más de cuarenta años. Aún había caballos en el público, las máscaras escondían deseos y muy pocos se atrevían a travestir a Julieta.

Pero el drama regresó aquí. El dramaturgo y poeta español había escrito parte de la obra en Cuba y alguien le devolvía la deferencia sesenta y cuatro años después.

En 1994 La Habana acoge la puesta en escena de “El Público”. Desde 1992, un grupo de actores dirigidos por Carlos Díaz se identifica con el nombre de este texto. En 1990 Carlos se había estrenado como director. Y desde siempre apostó por el teatro dentro del teatro, como lo llamaba Federico.

¿Cuánto del pensamiento de un hombre habita en el espíritu de otro hombre? ¿Cuánto de la obra “El Público” se ha quedado en el grupo de teatro El Público?

Ojalá vuelva ese drama a algún escenario cubano y ojalá vuelva con Carlos Díaz, porque después de ver tantos espectáculos suyos, cualquiera puede imaginar  la representación de 1994: Lorca hubiera estado orgulloso. Y aunque en el público siempre quedan caballos, si se repitiera la experiencia, otros estaríamos satisfechos por las dudas y los cuestionamientos de las metáforas. ¿Cuánto del pensamiento de un hombre habita en el espíritu de otro hombre?

Mientras, en su casa-confesionario Carlos escucha a sus amigos, como Lorca hacía con los suyos, para compartir lecturas y sufrimientos. A los que recibe en su teatro, amigos de una noche, les muestra que detrás de un biombo, cualquiera puede cambiarse los pantalones por un traje de bailarina… ¿Cuánto de la obra “El Público” se ha quedado en el grupo de teatro El Público?

Por suerte, aprendimos con Lorca que la libertad es la meta. Quizás por eso el perro de Carlos se llame Federico, aunque muchos animales no entienden esas alegorías. Lorca es ley para Carlos. Los de la platea tienen la última palabra. No vale silbar desde las ventanas.

CRIADO. Señor.
DIRECTOR. ¿Qué?
CRIADO. Ahí está el público.
DIRECTOR. Que pase.


Nota: La foto fue tomada durante la presentación escénica de la obra “El Público”, por el grupo de teatro homónimo. Disponible en: www.teatroelpublico.cult.cu
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