23 de marzo de 2017

Hacia una Ley de Comunicación en Cuba (III)



Continuación de las intervenciones durante el debate convocado por el Foro de Estudios Críticos (FEC) y La letra corta, desarrollado en la Universidad de La Habana, el 14 de marzo de 2017. 

Hacia una Ley de Comunicación en Cuba (III)
Mario (Licenciado en estudios socioculturales): Escuchaba la comparación que hacían entre los medios públicos y privados en los inicios del siglo XX en Cuba. Creo que más allá de hacer una idealización de la República, pensando en un proyecto socialista, necesitamos una historia de la sociedad cubana. 

Hay que decir que en la República los partidos políticos crearon sus propios órganos de prensa. Prensa social existió, existían los espacios para producir medios propios de información. En ese sentido, habría que preguntarse qué hizo la sociedad cubana para generar sus propios espacios de expresión, antes de que el Estado lo regulara todo después del cincuenta y nueve.

Cuando miramos la historia de Cuba más allá de ese momento, vemos que la ley  casi siempre ha sido un producto. Hay una tendencia, muy arraigada, a que la ley surja para resolver algo. Creo que revisar la cuestión del socialismo y los medios en Cuba implicaría ver cómo nos comunicamos nosotros mismos, qué hacemos, y qué se puede extraer de la historia.

El concepto de lo público es engañoso. A veces se entiende que el espacio público es ese que deja el Estado. Y yo creo que el espacio público debe entenderse como el espacio social, de socialización. Cuando lo vemos así, decir que el socialismo es un proyecto estatal no tiene sentido, porque es la sociedad quien lo produce y por supuesto que no estoy en contra de una ley de comunicación, para nada; pero según lo que estamos viendo en la práctica, nuestra propia forma de hacer sociedad, debemos cambiar nuestra aptitud para que la ley no sea un simple código, sino que se aproxime lo más posible a lo que necesitamos.

Adrián Cabrera Bibilonia (estudiante de derecho, FEC): Heidy, respecto a lo que decías ahorita hay algunas contradicciones, por un lado que la prensa sea el cuarto poder que debe ser y por el otro que no esté politizada. Si va a ser un cuarto poder es porque eminentemente se va a ejercer violencia política. ¿Existe un poder a través del cual no se ejerza violencia política? ¿Puedes existir una prensa que ejerza poder pero no violencia política?

La cuestión es que de por sí el cubano es eminentemente pasivo. Fernando (Almeyda) lo decía, hace falta una ley porque así funcionamos, y esa idea es entrar en complicidad con el modo en que se establece todo. Sabemos que la cultura jurídica del cubano es eminentemente pasiva, que necesita una autorrealización del yo a partir de esa ley. 

Me llama la atención que nadie había hablado de la Constitución antes de Yassel (Padrón Kuankbaeva). Si vamos a los marcos formales la Constitución está por encima de cualquier ley, y ahí dice en el artículo 53 que la libertad de expresión es en los marcos de los principios socialistas. Yo puedo hacer cualquier normativa de comunicación, que aun así la ambigüedad va a seguir estando en una norma jerárquicamente superior. Y si mañana creo un blog basado en una ley que salga, eso no puede oponerse a lo que dice la Constitución acerca de no ir en contra de los principios socialistas.

Me llama la atención que nadie ha hablado de la reforma constitucional de ese artículo. Más allá de cualquier ley que se haga ese artículo puede servir como fuente para censurar cualquier blog, por ejemplo.

Heidy Martínez Armas (estudiante de Periodismo): ¿Por qué debe existir una Ley de Comunicación? No es lo mismo una ley de comunicación que una ley de prensa. La comunicación abarca algo más general… Los periodistas somos los que más necesitamos esa ley porque somos los que más sufrimos en los medios por no existir una normativa. 

Yo he llegado con una crónica al periódico y el jefe de redacción me ha dicho que está muy bonita, muy bien, pero a los días me notifica que sobre el tema que aborda el trabajo no se puede hablar. Los medios cubanos tienen la filosofía de no darle armas al enemigo. En realidad si no hablamos de lo que sucede, de la realidad, de problemas como la emigración, la prostitución o la drogadicción, no se pueden transformar esas realidades.

Nuestros medios socialistas no abordan estos temas y entonces vienen medios capitalistas y hablan de lo que les da la gana, desde su punto de vista. La necesidad de una ley de comunicación está basada en que se pueda tener una mayor autonomía y descentralización, un respaldo al periodismo revolucionario para que pueda publicar cosas que estén acorde a nuestros intereses.

Sucede que muchos periodistas tal vez no tienen la misma opinión sobre determinadas temáticas y en ese sentido creo que además de la ley de comunicación debe haber también una institución que agrupe a los profesionales de la prensa como instancia que respalde la labor en este campo.

Fernando Ravsberg (periodista): Las leyes no son buenas ni malas en sí mismas. Una Ley de Comunicación puede ser la de (Francisco) Franco o la de Cristina Fernández, tan buena que (Mauricio) Macri lo primero que hizo fue eliminarla cuando llegó al poder. Creo que fue la primera medida que tomó. 

Si la Ley de Comunicación da derecho a los periodistas a buscar información y sobre todo da derecho a la gente a rebatir lo que los periodistas dicen cuando eso no es cierto, si le da derechos a la población, si tienen la posibilidad de darle a la gente esos derechos, entonces vale la pena. Yo he trabajado en medios estatales, privados y públicos. Soy amante de los medios públicos. Creo que Cuba es el único país que tiene condiciones para hacer una prensa pública masiva.

El otro tema es por qué se habla de prensa estatal. Aquí no hay ningún organismo del Estado que dirija a la prensa. Acá no hay ningún organismo del Estado que dé indicaciones. Aquí no es del Estado. Hay una prensa partidista. Si lograran una prensa estatal estaríamos un paso más adelante. El tema no parte de una prensa estatal, parte de un paso más atrás, aunque yo creo que en Cuba el final debería ser una prensa pública. Tiene todas las condiciones, tiene la formación, tiene los periodistas, tiene los medios, tiene todo para ser una prensa pública.

Fernando Almeyda Rodríguez (licenciado en derecho, FEC): Respecto a la complicidad, sí Adrián, estamos siendo cómplices por una razón, estamos tratando de meternos dentro del esquema hegemónico, dentro de la línea que ha sido preestablecida para nosotros. Todos los que estamos acá estamos siendo cómplices y estamos manteniendo ese defecto. Sí, porque qué sucede cuando sales de la hegemonía, lo mismo aquí que en Hong Kong, cuando te sales de eso no eres de nosotros, eres algo que se sale de nosotros y te nos enfrentas.

Cuba es muy intolerante frente a un pensamiento que no es el hegemónico. Tenemos una palabra para eso: disidente. Y ser un disidente no tiene que ser un problema, es sencillamente no estar de acuerdo con algo. Yo no quiero ser un disidente en el sentido peyorativo con el cual se emplea acá. Yo pretendo trabajar desde la cubanidad, con un proyecto desde Cuba, a partir de los esquemas existentes.

El problema del cuarto poder, cuando hablamos de eso, nos referimos a él como complemento de la tripartición de poderes. Recordemos que el poder implica violencia, implica castigo para que sea efectivo. Y cuando hablamos de cuarto poder en Cuba, debemos referirnos al centralismo democrático. Según la constitución cubana el Partido es el órgano dirigente superior de la sociedad, por tanto el Partido está antes que la Asamblea Nacional, antes que el Consejo de Estado, antes que cualquier instancia del poder civil. En ese sentido el Partido es el estado y la sociedad.

Para terminar con la idea y conectar con un punto de (Fernando) Ravsberg, lamentablemente por la Ley 54 de las Asociaciones en Cuba, nosotros no tenemos asociaciones típicas entendidas en el sentido de sociedad civil. Nosotros tenemos entes administrativamente regulados y regulantes que acumulan y aglomeran a determinadas personas, entre ellos la UPEC (Unión de Periodistas de Cuba) que establece un Código de Ética; y no nos llamemos a engaño, ese documento es vinculante, y se fundamenta en el artículo 53 de la Constitución. 

Si nosotros no somos capaces de interpretar un cambio cultural para una ley no vamos a ser capaces de interpretarlo para cambiar la Constitución. Antes de cambiar ese artículo 53 deberíamos exprimir la mente para extraer todo lo que se pueda antes de cambiarlo. Requerimos primero un cambio de mentalidad. (Continúa…)


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