La guerra de símbolos y los reclamos del futuro - La letra corta

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9 de enero de 2017

La guerra de símbolos y los reclamos del futuro



 “Oye la confesión de mi secreto: nunca he sabido con certeza
 qué cosa es la actualidad. ¿La actualidad es la que aparece en la televisión? 
¿La que se encuentra en los periódicos? (…) ¿La social o religiosa?
(…)¿La actualidad de mi casa? ¿La de mi edad o la de mi cuerpo? Vaya misterio.”
Antón Arrufat
La gente aplaude en los cines, grita en los conciertos y se estremece en los teatros. Y… ¿qué sucede cuando  consumen la prensa nacional? Vivimos una guerra de símbolos y metáforas. El presente tiene las razones. El futuro reclama.
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Foto: Laura Barrera Jerez
En la calle Línea de La Habana, el teatro Trianón. Desde octubre de 2013 y por un buen tiempo, en el portal, un cartel nos devoraba: “Antigonón, un contingente épico”. Adentro: cuerpos desnudos, los gritos a Patria, el homenaje eterno a un Abdala-Maceo y a otros héroes cotidianos que quizás limpian zapatos para poder sobrevivir...
El seis de febrero de 2014, el director y guionista Ernesto Daranas estrenó una película: a Carmela le gusta que las palabras suenen, con 12 años Chala cría perros de pelea para ayudar económicamente a su madre drogadicta, una estampita de la Caridad del Cobre en el mural del aula es la mayor inquietud de varios directivos si se avecina una inspección…
Buena Fe canta: No tuvo culpa el papel por lo que aguante, ni el instrumento por el disonante acorde, ni las posturas para que se vea elegante la recia porra que cuelga del uniforme… Ay, la culpa, la maldita culpa no la tiene nadie…

Marzo siete, 2014: en una conferencia para estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, un periodista le pregunta al auditorio por qué en Cuba hay tantas personas que hurgan en los basureros, por qué el periódico para el que trabaja tuvo que disculparse con sus lectores porque habían publicado la respuesta de un funcionario y este había mentido. Durante el debate, resurge el tema de la sección “Cuba dice”, del Noticiero Nacional de Televisión: las personas orinan y hacen el sexo en los monumentos. Una actitud antisocial y de incultura ciudadana. Pero, ¿a dónde pueden ir las personas a hacer el amor?
Desde los días grises hasta la repolitización del arte
En la década del 60, del siglo pasado, los destinos de nuestro país se debatían en las polémicas culturales. Años después dijo la intelectual cubana Graziella Pogolotti que la premura del hacer imponía la premura del pensar. Erramos y arrastramos los errores.
Muchos, como el propio Ernesto Che Guevara en su artículo El Socialismo y el hombre en Cuba (marzo, 1965) consideraban que no había artistas de gran autoridad que a su vez tuvieran gran autoridad revolucionaria. Las discusiones superaban el ámbito artístico para imbricarse en el mundo de todos y cada uno de los procesos culturales que vivía el país. Muchos artistas fueron marginados y silenciados: el arte necesariamente debía aportar a la convocatoria política: “el realismo socialista” restó creatividad y valor estético.
Y cuando hablamos del penoso Quinquenio Gris, regocija pensar que el sufrimiento de aquellos años fue beneficioso. Del triunfo de la mediocridad (como Ambrosio Fornet nombra a aquel período), nació el ímpetu del espíritu, la confianza  de cada cual para defender su propio arte.
Comenzábamos a comprender. El poder está distribuido en diferentes niveles, cada cual debe saber manejar esa fuerza bajo su responsabilidad porque los desaciertos marcan a los hombres y a los procesos sociales.
Tanto en la esfera de la producción, en la de la política, en la administración, en la cultura, existen intelectuales. Así nos presentaba Gramsci tal concepto, en tanto estos individuos participen en la labor de la producción, reproducción y difusión de valores, modos de vida, principios de organización del espacio. En todas esas dimensiones se construyen instrumentos de hegemonía y de contrahegemonía.
El peligro: la interpretación incorrecta de ese flujo recíproco de conocimientos, ideas, posibilidades, soluciones. La regulación y la autorregulación de cualquier proceso productivo son aspectos determinantes para el resultado final de tal empeño y para su repercusión social. 
En el propio contexto en el que colisionan y se transforman las políticas culturales, emergen y se construyen los sentidos sociales. Hoy el arte diversifica su  poder y cada vez gana más espacio como plataforma  para la ponderación ciudadana, como práctica emancipadora del sujeto social.
Periodismo: ser o… ser
En 1976 se crea el Ministerio de Cultura y bajo su autoridad estarían el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el Instituto Cubano de la Música (ICM), el Instituto Cubano del Libro (ICL)...  Por su parte, el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) queda subordinado al aparato ideológico del Partido Comunista de Cuba (PCC), disposición que se mantiene desde entonces y que también incluye a los medios de prensa impresos.
Mientras, la ruptura entre realidad cotidiana y expresión periodística suscita debates, desgarra ilusiones y resta confianzas. La política de regulación de la prensa es un tema que resulta de interés tanto para los profesionales de la comunicación como para el público que finalmente sufre las nefastas consecuencias de disposiciones heredadas y asumidas, muchas veces, con desafecto y agobio.
El síndrome del periodismo de reafirmación se ha entronizado en el panorama mediático. ¿Qué condiciones sociopolíticas y económicas han producido este divorcio entre las producciones mediáticas y los intereses de los públicos?
La confección de una agenda institucional y no de una agenda temática propia, actúa en detrimento de la funcionalidad de los medios para las audiencias. En Cuba, el periodismo sufre una crisis de credibilidad.
Y no mentimos. Mentir, jamás. Pero a veces las omisiones cuestan más caras.
Salvarlo implica, primero, reconocer tales deficiencias y después, asumir el reto del riesgo, de la polémica, de la diversidad de criterios y maneras de actuar.
El arte de hacer periodismo
Muchos estudios desde la academia denuncian estas deficiencias. La representación social de la
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Foto: Laura Barrera Jerez
opinión pública en los medios de prensa es una tarea pendiente. Pero esas conclusiones, repetidas una y otra vez, nos hacen replantearnos tal cuestionamiento. Hoy, no son Internet o el periodismo ciudadano los principales competidores de los profesionales de la prensa en Cuba: otros espacios están supliendo esas necesidades de representación de los públicos.
Es inmenso el abismo que aún queda entre los discursos periodísticos y la realidad reflejada por una película como Conducta, las reflexiones de la música de Buena Fe o el desafío constante de los símbolos en una puesta en escena.
La gente aplaude en los cines, grita en los conciertos y se estremece en los teatros. Y… ¿qué sucede cuando  consumen la prensa nacional?
 Vivimos una guerra de símbolos y metáforas. El presente tiene las razones. El futuro reclama. (Por Laura Barrera Jerez)

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