19 ene. 2015

Relatos salvajes



Desde las cuatro de la tarde estoy en la cola. El Festival de Cine Latinoamericano es una olla de presión y diciembre es cómplice. Estoy en el Yara para ver la tanda de las ocho de la noche. Se corrieron los horarios por cosas del Orinoco, perdón, de la tecnología. Se rompió el proyector y tantos etcéteras que pasan a menudo. Como yo, hay un montón de gente esperando. L y 23 es un termómetro. Hay una patrulla por si las cosas se ponen tensas. El filme es Relatos salvajes. Me disculpan el director y el equipo  completo de realización: la que está “salvaje” es la cola. Al cubano le encantan las colas y si no le encantan lo disimula muy bien.

Por fin, aparecen los organizadores de esa fila que crece para los lados. Ahora pasan una soga para ordenar a la gente. Me sentí como
animal de un rancho. Como salvaje bestia. ¿Y vienen a decirme que la película se llama “Relatos salvajes”? Vengan con cámaras, vale la pena filmar unas escenas en el cine Yara.

Luego de faltas de aire, buenos empujones y un tirón de mi brazo, logro entrar. Por fin adentro, celebro, respiro. Es un buen filme me digo. Por suerte, valió la pena todo lo que pasó. La cola, el tumulto, hasta la soga… Reí con una historia universal. Viví los absurdos de una sociedad cualquiera con aquel hombre de la multa por pagar. La burocracia se traga los mundos. Pensé en Cuba. Inevitablemente sentí en carne propia lo de encontrarse con un policía de “mente cuadrada” al que solo le importa no tener problemas con su jefe.

El «crimen  pasional» de los conductores en medio de la carretera. La idea humana del error. De equivocarse y dar un veredicto final. Una burla a la justicia. Reflexión perfecta desde el humor que se adapta a todos los contextos. Argentina, Colombia, Cuba, Francia podría haber sido una historia de cualquier latitud. Un filme con un guión sui géneris y un título aún más original.

La violencia y las actitudes “salvajes” resumidas en los cortos que forman el largometraje. El salvajismo social dibujado en el séptimo arte. Absurdos, humor negro, burla y reflexión. El director argentino Damián Szifrón narró historias ficticias que por momentos me creí. En la boda se acaban los minutos de vivir en la burbuja que el cine es capaz de crear. Suben los créditos y quedo con la ansiedad de que me cuenten la realidad desde la diversión.      

No me arrepiento entonces de la tortuosa entrada a este cine ni de las horas de espera. Son de esas películas que hay que “perseguir” en un Festival de Cine Latinoamericano. Esas historias se van pero todavía me quedan las de la cola, tan salvaje. La de la burocracia destructora y las del salvajismo social en Cuba o Argentina. Son tan salvajes estos relatos como la cinta cubana Vestido de novia, pero esa será para próximas líneas. (Por Isely Ravelo Rojas)

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