26 de octubre de 2014

Bitácora de un incendio (Parte III y final)


Lo mejor es el fuego,
Nos conduce a lo mejor que somos:
La ceniza...”
La noche. Abilio Estévez.


Bitácora de un incendio
Estreno de Cara de Fuego
Traducción
El trabajo con los cuatro actores fue difícil, signado por su participación en otros proyectos teatrales para la misma fecha, todos jóvenes, con formaciones diferentes y aún en crecimiento individual y colectivo.

Crear un lenguaje común desde corpografías y tratamiento psicofísico extra cotidiano, en fricción con un texto eminentemente psicológico deudor de lo  mejor de la escuela alemana de desdramatización, fue el objetivo primordial.

La poesía del cuerpo en estos muchachos entrenados en la danza teatro se potenció en esta pieza; los desplazamientos, el baile, los movimientos acrobáticos, la agresividad en el cuerpo, desde el cuerpo, para el cuerpo… único y colectivo.


Actualmente se ahonda en la psicología de los personajes, la progresión dramática, la comprensión del relato; poco a poco vamos, junto al equipo técnico, ajustando la relojería teatral.

Aún permanece fresca en mi memoria el primer día de trabajo en el espacio con la escenografía y las luces, un ensayo con público dónde estos tejidos del espectáculo brotaron sobre la escena. La profundidad del telón de fondo, la mesura de los cubos geométricos usados para componer la dramaturgia del espacio, los colores fríos de la iluminación.

Un ambiente de opresión y encierro que deja entrever los artificios de la representación. Otro de mis objetivos para esta puesta pude cumplirlo y fue articular el relato teniendo a las luces y la banda sonora como otros personajes: la iluminación medida fundamentalmente por el tono de tragedia del texto original; la magia de la frialdad sobre los vestuarios blancos, grises y negros; la palidez de los intérpretes incrementada por los cabellos teñidos de oscuro.

Mientras, la música abrió al espectáculo múltiples universos referenciales: citas a bandas sonoras Yann Tiersen o José María Vitier,  temas de la década prodigiosa, clásicos como «Drume negrita» en la voz de Merceditas Valdés, «La vie en rose» de Edith Piaf o «Like a Virgin» de Madonna, de Carlos Varela a Stanley Clarke para desembocar en un saludo a lo Gaga: apoteosis de estilos y connotaciones culturales diversas.

La terrible circunstancia
Cuando todos los participantes del proceso, inclusive los actores, se detuvieron en la importancia de reflejar el fuego en el montaje, preferí situarme en el elemento contrario, el agua.

El margen de la expectación fueron botellas de Ciego Montero, estancada, delimitante, agua que los actores usaron sobre el cuerpo, en sus bocas, inclusive sobre el público.

Luego de comenzado el proceso supimos que en la mayoría de las comunidades a dónde iríamos el agua es salobre y de baja calidad para el consumo humano, trayendo consigo un grupo de enfermedades digestivas y urinarias en la población local.

La esperada expectación
Es oficial que dentro del programa de la Gira número veinte por los poblados de la Ciénaga, Cara de Fuego no compartirá la noche con otro proyecto de música o danza como es costumbre; nos pone la parada más arriba siendo el primer día en cada lugar.

Una nueva obra habrá comenzado ahora, cuando el público participe de todas las maneras posibles, las posiciones encontradas, los que entienden todo, los que nada, los fascinados, los escépticos, los a favor y los en contra.

Nos toca observar a los observadores, las (des)conexiones con sus realidades, lo fictivo pugnando con ¿lo real?

Y sentir cada noche como carburan mis ideas, se subliman mis ilusiones y fenece un teatro para, dentro de poco, volver a prender(se). (Por Reynaldo Tejadilla González)


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