26 de octubre de 2014

Bitácora de un incendio (Parte II)


Lo mejor es el fuego,
Nos conduce a lo mejor que somos:
La ceniza...”
La noche. Abilio Estévez.


Bitácora de un incendio
Estreno de Cara de Fuego
Causas y azares
El proceso de montaje se colmó de soledades: cinco personas asociadas a la creación desde diferentes aristas se marcharon para no volver. Como dijo el poeta debemos a ellos la sobrevida. Emergieron de nuestra memoria colectiva esos sentimientos de ruptura, reacomodo, resiliencia tan caro al imaginario cubano.

Dos actrices que indistintamente iban a interpretar al personaje de la Madre no pudieron permanecer con nosotros. La Madre entonces terminó siendo un viejo maniquí que había en el departamento de vestuario, con la adaptación del texto entonces para cuatro actores, y no cinco como en el original. Una maldición que reelaboró la historia dotándola de significados polisémicos. Dolores de cabeza dramatúrgicos que nos adentraron en una zona de búsqueda subjetiva y por momentos a ciegas, como sesiones de psicodrama alternativo.


El estilo de creación fue caótico, alternando los monólogos con las escenas de dúos, tríos y todos, sin importar las logicidades de la progresión dramática.

Le dimos prioridad a la memoria corporal, a la colectiva, a los silencios que luego resultaron gritos de dolor o euforia. Emergieron lentamente las otras historias, la agenda oculta, el trasfondo de nuestros relatos innombrables, la distanciación necesaria para soportar la tarea de un mundo ficcional postmoderno y trágico.

Luego los problemas matemáticos, y la productora  junto al primer diseñador visual del espectáculo transitando a la síntesis por obligación; lo que en el texto escrito se situaba en el estilo neorrealista desembocó en abstracción y minimalismo.

Neobarroco insular
Como parte de mi formación como un espectador entrenado en concebir espectáculos, esta vez hice más consciente y pensada mi relación con el neobarroco, esa manera tan particularmente criolla de asumir el hecho artístico en la segunda mitad del siglo pasado.

Descentrarse, carnavalizar la escena, bombardearla de citas y alusiones. Campificar desde una manera más orgánica y no como una simple pretensión kitsch.

De esa manera el relato nos habla desde la desmemoria y la voracidad de una sociedad de cambios vertiginosos, radicales, sin un detonante aparente… pero el batir de una mariposa, ¿dónde causa un huracán?
Pervertir, subvertir, invertir: infinitivos premonitorios de una obra donde la caída de lo ídolos y las consignas, aterrizaron en un mundo de carencias humanistas, corazón empobrecido y risa alienada.

Festín de máscaras. Pesadilla de un amanecer enrojecido tal cual atardecer. (Por Reynaldo Tejadilla González)

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