28 de enero de 2015

Tras el sueño de ser artistas



Hablar del talento artístico que hay en Cuba y que no encuentra oportunidades en los espacios “formales” para ello es como adentrarse ahora mismo en una crítica a la economía cubana; por donde quiera que iniciemos nos toparemos con una multiplicidad de factores, deficiencias e incoherencias como para asustarse.

Quizás usted crea que este escribidor está exagerando y quizás tenga usted razón, mas solo hay que ver cuántos jóvenes hay en todas partes de Cuba buscando oportunidades en el sector artístico y a cuántos de ellos con un enorme talento y con no menos potencialidades, se les hace imposible cumplir su sueño, por el simple hecho de no contar con un documento que los acredite como graduados del sistema de enseñanza artística.


Si cuento esto no es por mera imaginación o suposiciones, sino porque he vivido durante los últimos meses una experiencia verdaderamente reveladora, como parte del proceso de pruebas de aptitud que ha realizado el Conjunto Artístico Comunitario Korimakao en el marco de la convocatoria a la II Beca para la Creación; en el cual he tenido la posibilidad de viajar a varias provincias del país para realizar las captaciones.

Decenas de jóvenes y no tan jóvenes deciden presentarse, casi como la última posibilidad, para cumplir sus sueños. Cantantes, instrumentistas, actores, actrices, pintores, bailarines, productores, diseñadores, luminotécnicos, sonidistas…: por centenares se realizaron las pruebas, por centenares las sonrisas de agradecimiento, en primer lugar, por permitirles demostrar lo que podían hacer.

Sorprende la enorme cantidad de talento que la mayoría de ellos poseen, en casi la totalidad de los casos, formado empíricamente. Los menos han podido acceder a cursos o talleres ofrecidos en las cada vez más decadentes Casas de Cultura, otros tuvieron que abandonar los estudios en escuelas vocacionales de arte por los más diversos motivos.

Talento en Cuba hay, y mucho. Oportunidades para ser artistas, pocas. Hay que recorrer el país de punta a punta para ver cuántos soñadores viajan más de cien kilómetros para presentarse a pruebas de aptitud que pueden significar la posibilidad que llevan buscando hace años; mientras no pocos son capaces de dejar atrás familia, trabajo, casa, comodidades, para aventurarse en el sueño de sus vidas.

Llegar a ser artistas en este país puede significar un verdadero dolor de cabeza. Las oportunidades son pocas y las que hay están sujetas a los más diversos e inimaginables intereses humanos. En última instancia quedan el talento, el empeño, las capacidades reales.

En apenas un día, más de cien jóvenes optando por unas pocas plazas para trabajar en Korimakao, esto en una de las tantas ciudades donde se hicieron las pruebas. Pienso ahora no solo en los que se atrevieron a probarse a sí mismos, sino en los miles que, bien no se enteraron, o bien no se quisieron arriesgar esta vez.

Pensar en oportunidades para ellos debería ser una prioridad de las instituciones competentes en este, el que algunos consideran es el país de las verdaderas oportunidades. Ellos, los que pretenden ser artistas, exigen las suyas.(Por: Eduardo Pérez Otaño)
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