28 de enero de 2015

Si fuera un hombre de paja



Si fuera un hombre de paja
Cuenta el poeta que la vida es un sueño y los sueños, sueños son. Hoy he preferido soñar como la única forma posible de escapar a esta realidad que nos aplasta como a insectos, que se nos presenta llena de imprevistos, de metas a cumplir, de barreras a sortear.

He decidido creerme un hombre de paja, como aquel que acompañó a Dorita en busca del Mago de Oz, como aquel que quería un cerebro y por ello se empeñó en la magia como única solución. Y como en la aventura infantil me obstino en buscar respuestas y soluciones que al parecer requieren de poderes especiales.

Si fuera un hombre de paja viviría ahí, a la vera del camino, sin otra ocupación que espantar pájaros, que disfrutar la lluvia y el sol, el día y la noche, la luna y las estrellas, del verde del campo, de la reconfortante tranquilidad de ser...
un desconocido o al menos un ser poco importante.

Si fuera un hombre de paja no tendría compromisos ni obligaciones. No pertenecería a una sociedad que impone más reglas y obligaciones y deberes y compromisos y tareas y responsabilidades… y trabajo, que beneficios y alegrías.

Si fuera un hombre de paja no tendría que preocuparme por comer ni por dar de comer a otros, me bastaría con la satisfacción de un poco de yerba seca para recomponer la delgadez o alguna que otra descompostura.

Si fuera un hombre de paja no tendría que cumplir con las leyes sociales: adiós a los buenos días, a las gracias, a los permisos, adiós a los problemas derivados de una mala interpretación, de una palabra equivocada o no dicha a tiempo, adiós a las incomprensiones y a las ofensas.

Si fuera un hombre de paja no tendría que estudiar todos los días o preocuparme por la economía, la política, la religión las guerras que se suceden en el mundo, por las buenas y malas nuevas que llegan de cualquier parte. No tendría que depender de la televisión para hacer mi propia vida.

Si fuera un hombre de paja no necesitaría de medicinas y más medicinas para curar un leve catarro. Tampoco requeriría vacunas, sueros u operaciones. No padecería fiebre ni dolores, tampoco indigestiones.

Si fuera un hombre de paja no sufriría el mal de falta de tiempo, pues tendría todo el que quisiera al no tener obligaciones. Viviría un poco más mi vida de simple hombre de paja apartado en un rincón, sin leyes ni reglas, sin más obligaciones que vivir mi vida de simple guardián inmóvil.

A veces quisiera ser un hombre de paja al menos por unos segundos, sin deudas con quienes me rodean, sin dependencias, sin ataduras, sin límites para pensar y hacer y decir y creer.

Y como hombre de paja algún día volvería a la tierra que me dio el ser: feliz de haber sido yo, un simple hombre de paja sin más deseos que el de servir, sin más logros que el de haber sido fiel a mi función, sin más méritos que el de haber vivido allí, a la vera del camino, sin más pretensiones que la de volver, quizás en otra vida, convertido en lo que soy.

Más como dice el poeta: la vida es un sueño, y los sueños, sueños son  (Por Eduardo Pérez Otaño)
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