7 de noviembre de 2013

La Cruz política y musical (Parte II)




Por Jaime Masó Torres
Dios que salva el metal,
Salva la escoria
Borges

La Cruz política y musical (Parte II)
Celia Cruz
Consta en los documentos que el cuartel general del Buró Federal de Investigaciones  estadounidense, realizó al menos nueve controles durante varios años, en la búsqueda constante de referencias a Celia Cruz, algunas explícitamente indagando vínculos con subversivos.

Hablaron los sucesos y las personas pero, nunca las biografías hechas a la cantante dejaron entrever este pasaje para muchos inexplorado. La “Reina Rumba” nunca lo mencionó. Era un riesgo tocar esa cueva con hormigas. Jamás diría de esto ni una palabra, callaría hasta la tumba donde, quizá, se remueven sus sentimientos. 

Para los años venideros la carismática Celia sería identificada como un símbolo del “anti-castrismo” y ella misma daría paso a las más diversas especulaciones. 


Se construiría su historia, de todas,  la más cómoda y menos polémica: desbordante alegría, luchadora por el pasado glorioso de Cuba, enemiga de la dictadura y  distraída del pasado que pasó.

Las constantes averiguaciones han generado polémicas después de su muerte. Lo que se vendió como símbolo del exilio cubano, no debe ni puede a la cuenta de estos años aparecer como colaboradora del sistema político comunista, no conviene. Sus declaraciones en público siempre dejaron claro su oposición a Fidel Castro, dada la negativa del gobierno de la Isla a que la cantante asistiera a los funerales de su mamá en La Habana.

A propósito otras voces indican todo lo contrario. Cuando se produjo la muerte de Catalina Alfonso, el 7 de abril de 1962, quien era  conocida en la zona de Santo Suárez por el sobrenombre de “Oyita”, Celia pidió a las autoridades viajar a Cuba con el único objetivo de enterrar a su progenitora. Si bien hubo resistencia por parte de la dirección política, el telegrama con la aceptación sí fue enviado hacia los Estados Unidos, admitiendo su entrada para las honras fúnebres.  

El evento se manipuló y  se coloreó al antojo de ella misma y los medios de comunicación norteamericanos, dando paso a un desenfrenado ataque contra todo lo que oliera a Cuba. Casi todos los espacios fueron eco de lo “ocurrido” y aprovecharon una vez más la muerte como sostén para las agresiones. 

Volvamos a la década de los años cincuenta. Fue en 1957 cuando Cruz obtuvo un permiso para visitar los Estados Unidos. Viajó a Nueva York (caldera del diablo) para actuar, nuevamente, en 1960. Pero papelitos hablan y algunos de ellos muestran la lucha de casi ¡una década!, por parte de la cantante, para desmentir las sospechas del gobierno de que era comunista, hasta que finalmente le otorgaron asilo político en 1961.

En la Nación, Celia era una gran apolítica aunque siempre mezcló sus asuntos personales para atacar la figura de Fidel Castro a tal punto que los medios la identificaron como la enemiga más reacia del líder de la Revolución.Sobre el tema, escuché una anécdota en la que cuentan el gusto de Fidel por Celia y que incluso limpiaba sus fusiles en la Sierra Maestra escuchando su música. A esto, Celia envuelta en cólera, expresó: ¡Eso hacía el hijo… de la buena madre!

Cuentos y hablillas que también se van arraigando y repetidas mil veces se convierten en verdad. Nadie sabe. No estuve allí.

Celia Cruz fue la más extrema veladora de su figura. Nunca mencionó que estuviera en una lista negra. Optó por contar la historia dulce de su vida, los momentos junto a artistas inolvidables, el arrullo de las palmas, el mar, la nostalgia habanera, el volver, la Cuba mía…

Incluso en sus memorias, publicadas después de su muerte, Celia describe los años cincuenta como días muy felices, entiéndase como la gloria misma, entre cabarets y éxitos que la hicieron crecer a tal punto que su raza no importaba.

Pero entre lo negro y lo blanco va un trecho grande. Nada es tan puro. Probablemente desconocía la intérprete de Por si acaso no regreso que el color de su piel despertó interés en los trabajadores de la embajada estadounidense en La Habana.

Un telegrama de 1957 caracterizaba Celia, nada más y nada menos, como una cantante “de color”. El telegrama se preguntaba también  si acaso la Cruz había sido miembro del Partido Popular Socialista.

“Solicitante continúa negando afiliación al PSP. Dice que probablemente hubo afiliación involuntaria durante su empleo en Radio Diez Mil", se leía en el despacho.

El mensaje  pedía urgentemente reconsiderar su petición de visa, terminando con: “ha pedido respuesta con cobro revertido".

Estaba firmado por el embajador norteamericano Arthur Gardner y dirigido al Secretario de Estado. Gardner era un decidido enviado anti-comunista que acusó a los arribistas del departamento de Estado de la caída del presidente cubano Fulgencio Batista en 1959.

La nota  también ofrece un curioso estímulo para aprobar su visado: "Además del interés del público y de la prensa, el caso es también de interés racial". ¿Todo fue planeado? ¿La figura había sido construida por el gobierno estadounidense?

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