22 de noviembre de 2013

Sano entretenimiento





 Por Patricia Milagros Pérez Bofill

Son las 3:00 de la tarde de un martes, y lo que debería ser una tarde de estudios, se ha convertido en una oda a la obsesión. Estamos en el siglo XXI y mientras algunos luchan contra el cáncer, el sida, las guerras o los recortes económicos, existe un pequeño porcentaje -y decir pequeño sería subestimarlos- de personas que dedican todo su tiempo a un mal que agobia, golpea y no tiene forma de ser detenido. 

Me refiero a las series de televisión, y aunque parezca una sencillez, no se puede obviar el hecho de que domina la vida de todo aquel que caiga en sus redes. 


En el primer contacto, te niegas a creer que pueda afectar tu día a día, a medida que avanza su poder de dominación, evitas responder preguntas porque sabes que algo anda mal, pero no sabes qué, y el momento clave es cuando evitas a toda costa que se descubra que mientras todos duermen en casa, lentamente te levantas y enciendes tu PC y te ahogas en problemas que jamás se parecerán a los tuyos, con personas que nunca serán como tus amigos y ropas y teléfonos que tú nunca podrás comprar ni siquiera a plazo de 5 años. 

Así, lentamente, vas convirtiéndote en un ermitaño que evita salir a tomar el sol, por no perder ni pies ni pisada de sus protagonistas favoritos. Cancelas citas con tus amistades porque tu personaje favorito sufre una tristeza extrema, y tú en solidaridad no te puedes permitir un día de fiesta.

De repente, tu vida la rige un grupo de personas que no conoces y que además no existen, pero que son las que le dan apoyo a tus momentos de soledad. Entonces cancelan la serie y tú, angustiada y simplemente rota, buscas un nuevo escape y llegamos al momento donde se desarrolla esta historia. 

Son las 3:00 de la tarde de un martes, y lo que debería ser una tarde de estudios, se ha convertido en una oda a la obsesión. Tienes una temporada completa de 24 capítulos, de 40 minutos cada uno, y los ves como si fueran agua.

De momento son las 3:00 de la tarde y cuando vuelves a reparar en la hora son las 8:00 de la noche y no tienes ni la más remota idea de lo que ha pasado en ese tiempo. Estás perdida y ni siquiera lo sabes, tratas de recordar qué pasó en tu semana y lo único que recuerdas es la música intro de tu serie. 

Y es entonces cuando te preguntas, en esos momentos de claridad, que solo suelen llegar 1 vez por semana: ¿Por qué les llaman sano entretenimiento, cuando la realidad es que de sano, no tienen ni el nombre?

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