¿Será en 2017 el fin de la izquierda latinoamericana? - La letra corta

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29 de diciembre de 2016

¿Será en 2017 el fin de la izquierda latinoamericana?



Se va el año 2016 y en estos días finales una pregunta levita por sobre todas las demás cuando se habla del futuro político, económico y social en el subcontinente: ¿será 2017 el año del fin de la izquierda latinoamericana?

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Cuando en el norte resuenan aun las campanas del triunfo “sorpresivo” de Donald Trump, y con él la vuelta de los republicanos a ambas cámaras del Congreso; en el resto del continente algunos se preparan para ajustar los pantalones en una era que pudiera estar marcada por notables retrocesos, pero ¿será el fin?

Caen dos grandes
Brasil, la más importante economía de Latinoamérica, también denominado gigante sudamericano por mucho más que su extensión territorial, se ha visto envuelto en un cataclismo político. Dilma Rouseff fue finalmente separada del cargo y el Senado intentó poner fin de ese modo al período progresista en el país, liderado por el Partido de los Trabajadores (PT).

Luego le tocaría el turno al propio presidente del ente legislativo, cuando la justicia lo inhabilitó políticamente. Mientras, Michel Temer, anterior vicepresidente de Rouseff, logró la aprobación del Proyecto de Enmienda Constitucional que limita el gasto público por un período de veinte años, o lo que es lo mismo, establece límites al desarrollo futuro de la nación.


Sumida en la más profunda crisis política e institucional en tiempos de democracia, el gigante del sur ha visto cómo las principales figuras del PT, entre ellas Luis Inácio Lula Da Silva, son sometidas a procesos judiciales en una macabra estrategia para evitar que puedan, en un futuro inmediato, optar por regresar al palacio de Planalto.

Si Brasil fue noticia en este sentido, no menos lo llegó a ser durante este año que concluye otro gigante, Argentina, donde los aires de cambio impulsados por Mauricio Macri, quien cumple ya un año de gestión, suman de modo conservador varios tarifazos al transporte público, al gas y a la electricidad.

A ello se adiciona el encierro arbitrario de la luchadora social Milagros Salas aun en contra de una resolución dictada por la Organización de Naciones Unidas; altos niveles inflacionarios; la destitución del Ministro de Hacienda y Finanzas por evidentes conflictos al interior del gobierno; el veto reciente a una ley emitida por el Congreso donde se aprobaba el incremento del salario mínimo y la incesante persecución a la izquierda kirchnerista.

La propia Cristina Fernández enfrenta varios procesos judiciales impulsados, sin lugar a dudas, desde las instancias gubernamentales, mientras las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como en tiempos de la dictadura, regresan al espacio público como símbolo de una Argentina que “cambia” al estilo Macri.

Las sorpresas
El proceso de paz en Colombia, el gran logro del año para el continente y buena parte del mundo; celebrado por las más importantes figuras internacionales, desde el Papa Francisco hasta el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, tuvo su gran sorpresa cuando contrario a todo pronóstico se impuso por innegable mayoría quienes apostaban por el No a los acuerdos que habían sido aprobados en La Habana y firmados, poco antes, entre el presidente del gobierno nacional y el líder de las FARC-EP.

Sin un plan B, Juan Manuel Santos envió de vuelta a los equipos negociadores a La Habana, se reestructuró el acuerdo final con cambios sustanciales en más del 95% de los puntos y ya terminada la segunda fase se aprobó en el Congreso Nacional, a quien corresponde ahora legislar lo necesario, en medio de un clima de confrontación entre defensores y detractores. Incluso el Papa Francisco se reunió con el presidente colombiano y Álvaro Uribe, máximo representante de los opositores al acuerdo con los insurgentes, sin que haya habido logros sustanciales más allá del plano simbólico.

Mucho antes el propio Evo Morales había fracasado ante su prueba de fuego: la mayoría de los bolivianos se negó a una posible reforma constitucional que posibilitara la reelección del mandatario para un nuevo período presidencial, donde resultaron ganadores los promotores de una campaña de desprestigio contra el líder indígena.

Otros avatares
El resto de la izquierda en América Latina tiene sus propias lecciones en este 2016 que ya concluye. 

En Paraguay se aprobó la inhabilitación política como futuro candidato presidencial al destituido Fernando Lugo, en un logrado plan por relegar al Frente Guasú, tercera fuerza política del país, en la carrera por la presidencia.

Uruguay, en curiosa componenda con Brasil, Argentina y Paraguay, asumió en el último semestre un triste papel al interior del Mercado Común  del Sur (MERCOSUR), al permitir la exclusión de Venezuela del bloque regional, lo que pone en entredicho al propio Frente Amplio.

Lo que un día pudo considerarse como izquierda chilena se ha transformado también en dudas durante este segundo mandato de Michelle Bachelet. Un largo diferendo con Bolivia a instancias de La Haya por su salida al mar, los conflictos internos por las postergadas reformas educacionales y la huelga que afectó a los camioneros bolivianos, apostó por desunir en lugar de estrechar lazos, como en otra época se estilaba.

La Revolución Ciudadana en el Ecuador vivió el último año con Rafael Correa al frente. Luego de su negación a presentarse a nuevos comicios electorales tras una posible reforma constitucional, Correa deja el camino libre para Lenín Moreno, quien fuera su vicepresidente en el primer período presidencial, a quien corresponderá ahora capitalizar la confianza nacional.

El Salvador tampoco se las vio del todo bien. Un bloqueo en el Congreso por el principal partido opositor, puso en jaque al gobierno nacional presidido por el ex guerrillero Salvador Sánchez Cerén, al demorarse la aprobación del presupuesto del Estado y la elección de los magistrados a la Corte de Cuentas.

Tampoco fue un buen año para Venezuela, a quien la drástica caída de los precios del petróleo sumió en la peor crisis económica que ha padecido el país desde la llegada del chavismo al poder en 1999, con una inflación que supera el 20 mil por ciento y una dura situación política luego de que la oposición se hiciera del control de la Asamblea Nacional.

¿Será 2017 el fin?
Todo pronóstico sobre el futuro es complejo, ¿pero será definitivamente el fin de la izquierda en América Latina? No lo creo, aunque el escenario será difícil.

Con la victoria electoral del sandinismo en Nicaragua y el muy probable triunfo de Lenín Moreno en el Ecuador como garantía a la Revolución Ciudadana, junto a la continuación del proceso transformador liderado por Evo Morales y Nicolás Maduro, estos cuatro países continuarán siendo el eje central de la izquierda en el subcontinente. 

El Movimiento liderado por Morales tendrá un año decisivo en este 2017 cuando deban intentar nuevamente optar por una de las cuatro opciones propuestas para lograr la posibilidad de que pueda postularse como candidato presidencial. Tampoco la tendrá nada fácil el chavismo en Venezuela, aunque cuenta a su favor con el reciente acuerdo de la OPEP de congelar la producción mundial de crudo y con ello la paulatina elevación de los precios del petróleo.

Este 2017 será un año de amplia polarización en América Latina: de un lado la derecha neoliberal  y del otro la izquierda sumida en sus propias dificultades y contradicciones. Ya la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) anunció que no será un buen año económicamente y seguro que tampoco en lo político ni en lo social. (Por Eduardo Pérez Otaño)

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