Industria cultural y dominación: un problema para el siglo XXI - La letra corta

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16 de febrero de 2015

Industria cultural y dominación: un problema para el siglo XXI




«Cada generación debe cumplir su misión
o traicionarla».
Frantz Fannon

¿Seremos los hombres eternamente dominados? ¿Acaso dependemos de la dominación para desarrollarnos como especie? ¿Seríamos capaces de reconocer cuándo estamos siendo sometidos en el nuevo contexto que vive la humanidad? ¿Qué relación expresa podría existir entre «industria cultural» y «dominación»? ¿Quiénes nos dominan y cómo lo hacen?

El siglo XXI, que ha iniciado en plena revolución tecnológica, trae consigo muchas más preguntas que respuestas. El debate no pasa ya, en estos tiempos, por si la reproducción técnica provoca que las obras de arte, entendido esto como concepto diferente al de cultura, pierdan su halo o no.

La sociedad contemporánea, o al menos una parte de ella, comienza a cuestionarse el papel que como seres racionales jugamos en un mundo donde son otros los que toman las decisiones por nosotros, convirtiéndonos en autómatas incapaces de reconocerlo.

Un acercamiento a estas realidades nos permitirá reconocer las complejidades de una búsqueda que se torna casi imposible, por la simple razón de que formamos parte de esa sociedad que se encuentra constantemente expuesta a la influencia de los medios; por lo que estaríamos, al estilo de La Matrix, tratando de determinar cuál es el problema y sus causas, a la vez que formamos parte de él.

¿Seremos eternamente dominados?


Una de las grandes preocupaciones del hombre como especie, ha sido el problema de la dominación. Cada formación económico-social por la que ha transitado la humanidad, cuenta con innumerables ejemplos de rebeliones contra determinados poderes hegemónicos, que apoyados en la fuerza, someten a la inmensa mayoría.

¿Cómo entender el término?

A grandes rasgos, la dominación pudiera ser el estado en el que grandes grupos de individuos se someten a la voluntad de una minoría que hace uso planificado y consciente de medios y recursos a tales fines, con el objetivo de lograr determinados actos.

Pero el buen Darwin no se equivoca. Todo evoluciona y se transforma para poder sobrevivir. Los viejos métodos fueron perfeccionándose, alcanzando su punto de auge, podría decirse, con las políticas impulsadas por Goebbels, máximo jefe de los mecanismos de propaganda del Partido Nacional Socialista en la Alemania de Hitler.

Con la aparición de los medios de comunicación, en un principio el periódico, gracias a la invención de la imprenta y más adelante la radio, la televisión y las redes digitales, la civilización se ha transformado como nunca antes. Pronto, los interesados en preservar para sí el poder que históricamente ha sido vetado a las mayorías, comprendieron el enorme potencial de los nuevos avances.

Teorizar sobre el fenómeno de la dominación y el papel que en ello juegan los medios de comunicación sería como intentar hacer un edifico en apenas un día. Analizaremos sin embargo, algunos aspectos importantes, que bien pudieran constituir el punto de partida para un análisis más profundo.

El estudio de las ideas planteadas por los creadores de la Teoría Crítica pudieran darnos ciertamente, importantes referencias sobre este tema. Según asegura el politólogo francés Ignacio Ramonet en el texto Propagandas silenciosas: masas, cine y televisión:

«La desconfianza con respecto a la Industria Cultural y de su silenciosa propaganda se basa fundamentalmente en tres evidencias:

a)    Reduce a los seres humanos al estado de «masa» y obstaculiza la estructuración de individuos emancipados, capaces de discernir y de decidir libremente.
b)    Remplaza, en la mente de los ciudadanos, la legítima aspiración a la autonomía y a la toma de conciencia sustituyéndola por un conformismo y una pasividad peligrosamente regresivos.
c)    En suma, confirma la idea de que los hombres desean ser fascinados, extraviados y embaucados en la confusa esperanza de que alguna peculiar satisfacción hipnótica los llevará a olvidar, por un instante, el mundo absurdo, cruel y trágico en el que viven».(1)
Resume el autor algunas de sus ideas sobre la teoría planteada por la Escuela de Frankfurt. Críticas aparte, lograr la dominación implica reducir a los individuos al estado de masas en el que les sea extremadamente difícil su organización y donde, bajo una supuesta libertad de decisión, estas sean realmente impuestas de forma metódica y planificada.

Hace referencia el propio Ramonet a una especie de dominación agradable en la que el individuo se siente “bien” como está, y considera que no tiene necesidad de hacer “algo” para cambiar el estado de cosas que encuentra a su alrededor. Hablamos entonces, de una especie de narcotizado, que cree tener todo lo que necesita; y unos narcotizadores cuya misión es garantizar el bombardeo constante con todo lo que el sujeto cree necesitar.

Ejemplos de ello sobran en las grandes y pequeñas televisoras de cualquier país. Los programas han transformado incluso, sus ritmos para realizar cada cierto tiempo los cortes, momento en el que se insertan las publicidades. Son estas precisamente, las que constantemente nos están orientando qué hacer, cómo hacerlo, en qué momento, por qué; es decir, evita que tengamos que tomar decisiones en nuestra vida diaria, empleando como justificación la poca importancia de estas. De tal forma que, de poquito en poquito, nos hemos convertido en una especie de marionetas sin potestad, cuyos hilos pretenden camuflarse.

Corresponde a las generaciones del siglo XXI reconocer estos nuevos mecanismos que a lo largo del tiempo han ido perfeccionándose sin que cambie su objetivo.

En el texto anteriormente mencionado, refiere Ramonet uno de tantos ejemplos posibles. Según afirma, durante la campaña presidencial estadounidense del 2000, el candidato George W. Bush tuvo que reconocer el empleo de mensajes subliminales en uno de sus spots donde de forma “oculta” llamaba rata a su adversario Albert Gore.

En otro sentido, el Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, en el prólogo de Propagandas silenciosas, afirma que:

«Se ha vuelto algo natural una suerte de militarización de los servicios noticiosos de las televisoras norteamericanas de alcance global --CNN, MSNBC y Fox-- donde hace cinco meses que el lugar de los analistas lo ocupan generales, almirantes y coroneles a quienes se identifican como «retirados» aunque curiosamente hacen análisis semejantes, con una jerga idéntica, esencialmente destinada a reproducir la línea oficial. Esta, además, es omnipresente, sobre todo con las casi diarias conferencias de prensa en la que el jefe del Pentágono actúa como simpático profesor». (2)

Entonces, ¿no hay nada que hacer? ¿Estamos completamente perdidos?

Un consciente estudio de la historia de las teorías de la comunicación aclaran rápidamente que los medios de comunicación no son realmente todopoderosos, aunque no podemos ir de un extremo a otro y negar el papel importantísimo que juegan en la vida de cada ser humano.

Formarse como receptores activos, capaces de cuestionar todo lo que suceda a nuestro alrededor, evitando el quedarse de brazos cruzados, a la espera de que otros tomen nuestras decisiones, pudiera ser un primer paso de avance.

El desconocimiento, la extrema confianza, la creencia en falsos paradigmas y modos de vida que violentan los procesos naturalmente establecidos, el sectarismo y las divisiones por las más diversas causas, son sencillamente formas de hacer el juego a los que se creen dominadores.

En tal sentido, el desarrollo de la crítica constante nos permitirá reconocer detrás de algunas supuestas buenas intenciones, la mano que quiere ocultar esas otras realidades. No será este un siglo más de dominación, pero ello dependerá únicamente de nosotros. (Por Eduardo Pérez Otaño)

(1)   Ramonet, Ignacio: Propagandas silenciosas: masas, cine y televisión. Editorial Fondo Cultural del ALBA, La Habana, 2003,  p.-16.
(2)     Ídem, p.-9.

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