26 de julio de 2017

El salario, la Onei, Marx y los trabajadores

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Imagen tomada de www.abc.es

Por Carlos M. García Valdés

Tomado del blog CubaEconomía

La oficina Nacional de Estadística e Información  y el salario en 2016 

Quizás sea el salario la categoría económica más mencionada y objeto de elucubraciones académicas, periodísticas y, en particular, populares. No es porque se trate de una categoría que expresa relaciones entre trabajadores y empleadores, (no importa el sector de propiedad), en cuanto a la remuneración monetaria por el trabajo aportado que reciben los primeros de los segundos, sino simplemente porque no alcanza, en particular en el sector estatal, para cubrir las necesidades básicas de los trabajadores y sus familias. Tal hecho, más claro que el agua, fue reconocido hace unos años por el Primer Secretario del PCC, Raúl Castro.

Por eso hay dos frases interconectadas que se escuchan a diario: el salario no alcanza y es necesario elevarlo pero  el país no tiene posibilidades inmediatas de hacerlo. La primera es exacta y no ha sufrido variación alguna, pero la segunda ya no tiene el rigor y el efecto traumático de hace 2 o 3 años. La información de la Onei de finales de junio arroja una nota de esperanza.

Como se puede apreciar en el cuadro, el salario medio no solo ha venido aumentando anualmente sino que lo ha hecho a un ritmo relativamente alto. En 10 años casi se duplica, con un crecimiento en valores de 353 pesos, pero entre el VI y el VII Congresos del Partido crece en 1,6 veces que significan 292 pesos más como promedio por trabajador. Pero en los últimos 3 años el salto es significativo, 57,1 % entre 2014 y 2016, un crecimiento absoluto de 269 pesos.

Por supuesto que la  gran “cuenta” sigue sin dar, pero estas  cuentas que se ofrecen evidencian que aun sin aumentar el PIB ni la productividad del trabajo a los ritmos necesarios para sustentar el  crecimiento, el desarrollo y un nivel  de vida superior, el salario va creciendo. Empieza a ser lo que debe ser y que en buena medida dejó de serlo, la principal fuente de motivación por el trabajo como primer creador de riquezas materiales y espirituales. Se vislumbra la esperanza de realizar el Lineamiento 142 (139 antes del proceso de Consulta) que declara: «Rescatar el papel del trabajo y los ingresos que por él se obtienen como vía principal para generar productos y servicios de calidad e incremento de la producción y la productividad, y lograr la satisfacción de las necesidades fundamental de los trabajadores y su familia».

Para que esta tendencia no solo se mantenga sino que se refuerce es imprescindible que se incremente todo el producto o el nuevo valor creado porque el salario es solo una magnitud del mismo y para nada independiente, todo lo contrario. Como nuestro pueblo es muy instruido, en particular la juventud, los lectores van a comprender sin dificultad la explicación de Marx sobre la relación entre los diferentes factores que debe ocuparse la sociedad al distribuir el resultado global de la producción.

Marx fundamenta  la esencia de  la distribución de todo el producto en el socialismo

En Crítica del Programa de Gotha, una obra de Marx de 1875, este criticando a Lasalle que pretendía distribuir entre los trabajadores  el “fruto íntegro del trabajo” demuestra que la idea era una tamaña barbaridad. Le llama producto social global al concepto lasalliano (lo que ahora le llamamos producción de bienes y servicios) e identifica los diferentes destinos en que se va realizando.

El primero de esos usos es la reposición de los medios de producción consumidos, lo que resulta muy costoso en Cuba por la deficiente producción de estos y la necesidad de importar la mayoría a elevados precios en particular los combustibles, las maquinarias y equipos, etc.
La segunda necesidad es la de ampliar la producción, que vendría a ser algo así como el proceso inversionista, verdadero talón de Aquiles para nuestra economía.

El tercer uso es para la creación de reservas para contingencias. Huelga argumentar la importancia de ese fondo para Cuba.

Hasta aquí el producto social se ha estado invirtiendo en la esfera de la producción. Ya el cuarto fondo afecta el consumo pero a nivel de gobierno, es decir para sufragar los gastos administrativos. Marx observa que estos deben disminuir en el camino al comunismo. En Cuba tales gastos engordaron sobremanera y recién los Lineamientos se plantean seriamente su adelgazamiento.

El quinto y el sexto destinos afectan el consumo social porque se dedican a cubrir las grandes necesidades colectivas como educación  y salud, así como para atender a las personas discapacitadas. Siguiendo a Marx que le atribuía un papel creciente en el socialismo, la revolución cubana ha honrado con creces esta concepción.

Queda por último y para nada de poca importancia, la parte del producto que se destina a la distribución del fondo personal de consumo. Marx concebía que esta distribución debiera hacer corresponder la cuota de trabajo con la  cuota de consumo, solo que los bonos otorgados por lo primero y los almacenes centrales para adquirir los bienes de uso y consumo, se expresan ahora en el salario y en el sistema de comercio minorista. Los fundadores del marxismo no consideraban la existencia  de las relaciones mercantiles en el socialismo.

De la predicción marxista a la compleja realidad de Cuba en tránsito al socialismo

Como es conocido para Marx y Engels el  tránsito al socialismo se realizaría casi simultáneamente en los países capitalistas, industrializados en aquellos tiempos. No concibieron la transición extraordinaria en uno o en pocos países subdesarrollados. La revolución socialista en Rusia la hubieran concebido como excepción y la cubana como un milagro. Mística aparte, el caso cubano  se parece bastante a esto último. En un país de escasos recursos, hostigado y  bloqueado por la principal superpotencia del mundo las predicciones de Marx en Crítica del Programa de Gotha adquieren un dramatismo de leyenda pero ello no demerita el hallazgo teórico y la lección de economía política que para los cubanos entraña.

Los razonamientos de Marx podemos resumirlo en las 3 categorías del valor por él apuntadas: C+V+P. Fiel a esta fórmula el salario (V) en Cuba  aparece comprimido entre el valor de los medios de producción que deben reponerse anualmente(C) y el plus valor o excedente monetario.

Más gráficamente: C /V/ P.

Esto significa que el fondo total de salario puede crecer en la medida en que no crezca excesivamente el gasto material es decir todo el valor a la reposición de medios de producción, o que su crecimiento sea menor que el crecimiento del plusvalor o excedente monetario(P). En el caso de Cuba esta variable  depende en gran medida de las importaciones, una parte de las cuales se puede sustituir con producciones nacionales, pero se calcula que las importaciones deben crecer como media entre el 2-3 % por cada 1 % de crecimiento del PIB. Por lo tanta estamos hablando de evitar  un crecimiento desmedido, pero si no aumenta el gasto material no crece el valor agregado bruto (V+P). Este gasto, de varios miles de millones de dólares corre casi  totalmente a cuenta del Estado (descontando el gasto privado para estos fines) que dispone para ello de al menos de tres fuentes: los  bienes, servicios e ingresos de las entidades estatales, los tributos recaudados de este sector y del privado en menor cuantía y de las inversiones y créditos internacionales. Por supuesto el ahorro, el incremento de la productividad del trabajo, se convierten en la cuarta fuente, por cierto, la más barata.

En consecuencia todo lo que contribuya a incrementar la eficiencia del gasto para reponer los medios de producción consumidos se convierte en factor directo del aumento salarial, y le corresponde a la propiedad estatal socialista en sus dos formas (empresarial y presupuestada) el  rol protagónico. La propiedad cooperativa, concebida también como socialista, ahora extendida a sectores urbanos, puede hacer un significativo aporte a este empeño. El sector privado, aunque en menor cuantía también participa en la reposición de los medios de producción, en particular  el sector campesino.

La segunda variable, el plusvalor, es la principal responsable del aumento sostenido y suficiente del salario de los trabajadores ocupados en entidades estatales. De ella depende el incremento de la producción (inversiones para diferentes destinos)  generadora de nuevos empleos y de más recursos financieros para todas las necesidades de la economía (incluyendo pago de deudas, donaciones, reservas, defensa y orden interno, etc) y del pueblo por la vía de los fondos sociales de consumo (educación, salud, seguridad y asistencia sociales, deporte, cultura, gastos administrativos, etc). Se trata de considerables  magnitudes de valor y todo sale del mismo “saco” del Estado y una mínima parte de la población incluyendo los contribuyentes privados. Solo aumentado el plus producto y plusvalor se pueden honrar todos los destinos del producto social socialista y disponer de los recursos financieros necesarios no solo para aumentar el salario nominal sino también el real que es más importante que el primero.

No sabemos, porque no se informa,  la magnitud ni la relación de incremento del excedente o como antes se le llamaba “ingreso neto”; pero conocemos el volumen y la tasa de crecimiento del producto interno bruto que es un agregado macroeconómico de mayor magnitud. No es necesario subrayar el insuficiente comportamiento de este indicador, incluso de signo negativo el año pasado y de dudoso pronóstico para 2017.

Con todo, el incremento salarial en el sector estatal no es solo un deber social, es una necesidad económica de la reproducción ampliada socialista o en transición al socialismo, imprescindible para sostener las otras dimensiones: reproducción ampliada de los bienes materiales y de las relaciones de producción.

Como puede apreciarse, el aumento de los salarios en el sector estatal dependen de múltiples factores, la mayoría de ellos no pesan sobre el sector privado incluyendo las micro, pequeñas y medianas empresas, que pueden pagar salarios superiores en tanto gocen de ventajas no solo absolutas sino ante todo relativas y pienso que coyunturales. Por otra parte, todavía no sabemos cuántas son, el capital material y financiero que mueven, el impacto económico y social, etc. 

Con todas estas incertidumbres y las reflexiones anteriores pensamos que es precipitado y quizás irresponsable estar sacando conclusiones sobre este emergente sector privado, enmarcado en buena medida por las leyes económicas del sector socializado de la economía, que no son solo actos que se repiten, sino tendencias que se imponen  con férrea necesidad, según Marx.

Hasta aquí, porque el espacio ha encendido el foquito rojo, hemos considerado una parte mínima del tema salarial, otras cuestiones esperan por el análisis de economistas y otros especialistas. Provocándolo me  siento satisfecho. De todas formas pienso que cualquier análisis del salario en el sector estatal que no tome en cuenta la estructura ocupacional y en consecuencia salarial, es incompleto y débil. Nos abstrajimos a propósito  de este tema, pero queda  pendiente.
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