19 dic. 2016

La historia del bueno y el malo



Foto: Alejandro A. Madorrán Durán

De buenos y malos está llena la historia de la humanidad. Según dicen, bueno era Jesús y malos los fariseos que terminaron consiguiendo la condena de Poncio Pilatos; bueno era el pueblo francés y malo el rey con su monarquía; buenos eran los judíos y malo Hitler con el fascismo.

De uno a otro extremo, pueden aparecer infinitud de puntos medios, pero aun así la tendencia natural es a la izquierda (entiéndase los buenos) o a la derecha (ahora sí, los malos).

Tampoco podemos negar que quienes un día fueron totalmente buenos mañana puedan pasar a ser totalmente malos y viceversa. Al final es lo mismo.

Inspirados por la dialéctica marxista diríamos entonces que todo es transformable, incluso las percepciones sobre lo positivo y lo negativo. El contexto y sus realidades, diría el bueno de Marx, pueden más que viejas ideas no ajustadas al minuto cotidiano.


Barack Obama ya estuvo en Cuba y se reunió con Raúl Castro, algo que parecía impensable. La mesa de diálogos que se sostiene desde diciembre de 2014 continúa sus trabajos y se discuten viejos asuntos como el de las compensaciones por la política de nacionalización aplicada a inicios de los sesenta.

Mucho antes, Francisco había llegado hasta el corazón de la tierra de Lincoln y en pleno Congreso estadounidense se refirió, aunque casi metafóricamente, al acuerdo entre ambos estados e invitó a apoyar el gran reclamo de Cuba: la eliminación definitiva del bloqueo.

Vuelvo a pensar de forma inevitable en Isaac Newton y en aquella manzana que tanto bien haría a la física. De ahí John Quincy Adams –fruta de por medio- formuló su teoría sobre la caída de Cuba en manos del Norte.

Los tiempos cambian. Con ellos los modos de entender la realidad. Y Marx de nuevo tiene sus fórmulas en más de un texto. Cincuenta años, que para Carlos Gardel quizás serían nada, son mucho, son una vida. 

Los cubanos, adaptados a adaptarnos, listos siempre a lo sorprendente, nos enfrentamos a una realidad inesperada. En posición expectante –la más peligrosa, diría yo- vemos cada día cómo se suceden visitas, encuentros, noticias, declaraciones…

Para unos los buenos siguen siendo buenos, para otros los malos se han vuelto buenos, y están quienes siguen viendo a los malos muy malos. 

Tan relativo como la belleza y la fealdad, la toma de partido de uno u otro lado definirá los resultados de un acercamiento imposible hace apenas cinco años y que hoy se ha vuelto realidad tangible. 

Más allá de toda especulación política, lejos de las trincheras ideológicas tradicionales, la búsqueda de consenso interno será del todo improbable sin un debate público verdadero, abierto, promovido en todos los medios y en todas las esquinas, donde puedan escucharse las múltiples voces de una sociedad que, pese a lo que muchos pudieran suponer, no piensa de un único modo.

Por estos días releo también La Ilíada, y me pregunto cómo verían los troyanos a los aqueos, cuando estos decidieron regalarles un majestuoso caballo de madera. Príamo, orgulloso de la victoria, aceptaría gustoso el presente de los vencidos “a fuerza de coraje y resistencia histórica”. Como buenos amigos se habría tomado algunas fotos con Odiseo. Fue imposible cuando lo pidió. Nadie encontró al jefe aqueo. Venía bien escondidito dentro del regalo.  (Por Eduardo Pérez Otaño) (Publicado en www.eltoque.com)

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