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Especial: ¿Qué prensa, qué país?

¿Es necesaria una ley que regule el entorno comunicativo cubano? ¿Cómo construir un modelo de prensa más eficiente y que satisfaga las demandas de los diferentes públicos?

Especial: La familia cubana del siglo XXI

Nos embarcamos en el difícil reto de juntar criterios, visiones, opiniones compartidas o no, sobre los modos en que se estructuran, viven y conviven las familias cubanas en el siglo XXI

Biblioteca digital: letras para pensar

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Che: eterno hereje

La letra corta rinde homenaje a un hombre imprescindible en la historia nuestroamericana, a un eterno hereje, en el 50 aniversario de su asesinato

28 de febrero de 2017

Frankfurt, la primera generación (I)



Hasta ahora los filósofos han interpretado el mundo,
a partir de ahora deberían ayudar a cambiarlo
Marx
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Foto: kabbalah.info
¿Por qué no entender a la teoría de la sociedad como un todo? ¿Por qué no hacer un análisis crítico desde la conjunción histórica de la praxis y de la teoría?
Durante cincuenta años, desde 1923 hasta 1973 (muerte de Marx Horkheimer en 1973), la primera generación de la Escuela de Frankfurt  incentivó  la actitud crítica de los seres humanos respecto a la ciencia, a la cultura… ¿Por qué no entender a la teoría de la sociedad como un todo? ¿Por qué no hacer un análisis crítico desde la conjunción histórica de la praxis y de la teoría?
El Instituto de Investigación Social vinculado a la Universidad de Frankfurt funcionó en Alemania hasta 1933  cuando  Hitler toma el poder. En 1934 se asientan definitivamente en la Universidad de Columbia en los Estados Unidos y precisamente allí se consolida la Teoría Crítica, a través del estudio de la sociedad post-industrial y sus estructuras sociopolíticas y culturales. Ya a partir de 1948, las circunstancias políticas de Alemania posibilitaron el regreso a Europa.
Esta significativa tendencia dentro del campo de los estudios sobre la comunicación, se debe a un grupo de pensadores entre los que se destacan Theodor Adorno, Marx Horkheimer, Walter Benjamin, Herbert Marcuse y  Jurgen Habermas.
La teoría crítica surge ante la incapacidad  del sistema capitalista para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos y ante la debilidad de las fuerzas de resistencia que podrían haber acabado con él de modo rápido, organizado y consciente.
Los frankfortianos plantearon inicialmente una línea  de investigaciones de carácter crítico-dialéctico, a partir de una revigorización  del marxismo basándose en el desarrollo interdisciplinario y en la reflexión filosófica sobre la práctica científica, apoyándose además en el psicoanálisis de Freud. “La conjunción de las técnicas empíricas con la reflexión teórica rompe el tópico de excesiva abstracción con el que se ha tildado a los autores frankfurtianos” (Muñoz s/a, p.3)
El surgimiento de la Escuela de Frankfurt  estuvo condicionado por una serie de acontecimientos que desde la década de los años veinte sucedieron en Europa. Ya desde 1923 existe la necesidad de desarrollar una reflexión global sobre los procesos que consolidan la sociedad burguesa-capitalista.
El avance del  nazismo en una nación tecnológica, cultural y económicamente avanzada como Alemania y los fracasos de las revoluciones obreras en Europa Occidental, específicamente después de la Segunda Guerra Mundial, propiciaron el hecho de que muchos buscaran en el pensamiento marxista ideas que aclararan tal situación, pero  la economía de demanda y de consumo ponía en cuestión numerosas previsiones hechas por el marxismo clásico
Durante las primeras investigaciones que los frankfortianos realizaron en  Estados Unidos, de enfoque empirista y ligadas a grandes instituciones como la Fundación  Rockefeller, surgirán las principales diferencias entre Teoría Crítica y  Positivismo, las cuales marcarán los sucesivos debates y los estudios sobre comunicación y sociedad. (Por Laura Barrera Jerez)
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27 de febrero de 2017

Remembranza revolucionaria


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Cuando estaba en el preuniversitario tuve un profesor de Física y Química muy singular. Su particularidad residía en ir de estas dos materias a la historia, con una habilidad pasmosa. Una tarde exponíamos un seminario sobre la Revolución Industrial. Aunque no era su asignatura, entró cabizbajo, con su caminar lento y se sentó al final del aula. Le gustaba observarnos e incluso intimidar a los inseguros.

La profesora hizo a uno de nosotros la pregunta ¿Qué significa Revolución Industrial? Era obvia esa interrogante, pensé. Por mi cerebro desfilaban todas las combinaciones posibles: Revolución de Octubre, Revolución del 30, Revolución cultural.

El muchacho que debía responder fue sorprendido. Comenzó a hablar y se enredó dándole espacio a una palabrería hueca. Vi como el profe Agustín desde el fondo del aula abría cada vez más los ojos. El joven, mal convenció a la profesora y salió del apuro. Al terminar la actividad el profe de Química se me acerca y  casi en susurros me dijo: Niña, él podía contestar la pregunta con una palabra, Revolución es CAMBIO, sea del tipo que sea.

Hoy, aunque las definiciones revolucionarias se alargan, permanezco con la única palabra del profe. Luego, la universidad por añadidura incorporó el ingrediente perfecto a toda revolución: el espíritu.

Entonces me dediqué a escribir, a hacer literatura para eso. Para interactuar con el lector intentando provocarle una Revolución de pensamiento. La literatura y el arte, en su sentido más amplio, si deja apacible al espectador no cumplen su función primera: impulsar cambios, sean del tipo que sean. (Por Isely Ravelo Rojas, Foto: Yasset Llerena Alfonso)
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Lectura de la semana: La prensa y su función social (+pdf)



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Foto tomada de cuadernodeperiodistas.com

“El periodismo informativo y doctrinario, que en general es propio de los momentos iniciales de la evolución de la prensa, fue rápidamente alcanzado en Cuba por el periodismo polémico cuyos gérmenes ya contenía. Este periodismo polémico, por medio del trasfondo ideológico que le era característico, participó activamente en la formación y organización de una conciencia de nacionalidad que si bien halló en José Antonio Saco su máxima definición teórica, debió esperar a la demostración práctica de su madurez con Carlos Manuel de Céspedes”.
A esta conclusión arriba Marta Lesmes, autora del texto La prensa y su función social, publicado por las editoriales Pablo de la Torriente y Unión de Periodistas de Cuba en el año 2001. Desde una perspectiva histórica, la investigadora presenta los momentos más importantes en el devenir del periodismo y analiza la función que le ha correspondido jugar en cada etapa de nuestro desarrollo como nación.
La letra corta les invita a la lectura de este texto en tanto aporta una mirada histórica a la prensa en relación con las diferentes etapas de la evolución político-social del país desde finales del siglo XVIII.
LEER o DESCARGAR el texto:


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26 de febrero de 2017

El peor enemigo de un país


El peor enemigo de un país...


¿Cuál es el peor enemigo de un país? Sobre esta interrogante y sus consecuencias reflexiona el profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, Dr. Manuel Calviño, durante su intervención en el taller de preparación de jefes y sus reservas con el tema Es posible cambiar la mentalidad. Es esta una provocación al debate que La letra corta extiende a sus lectores.
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24 de febrero de 2017

Escribo




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Escribir es el proceso hipnótico agridulce donde me deshago de mi yo y entro en otro cuerpo. Es un acto catártico para re-descubrirme. Es mi sacramento ante el papel, en el que la palabra toma cuerpo de crítica oportuna y manifestación esperanzadora. La esperanza en la mochila para habitar mi país y creer que se puede… como reza la canción. Y la crítica para no caer en la estupidez cobarde de callar y andar por la vida de conformista infértil.

Escribo por compromiso y adicción. Este es un oficio que como la marihuana te hace cómplice. Aumentas la dosis poco o poco y ya no hay remedio. No hay desintoxicación posible. Recuerdo que puse mis primeros apuntes sobre unas líneas de libreta con portada medio encartonada. Aquellas eran tan triviales o infantiles que a ratos las desempolvo y río de tanta ingenuidad hecha poesía o epístola. Hoy, aunque tecleo en un ordenador y pretendo escribir (a veces no sé si lo logro) sobre preocupaciones más sociales, la pasión avasalladora permanece intocable; impenetrable antes los muros del individualismo y las lecturas facilistas. (Por Isely Ravelo Rojas)
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23 de febrero de 2017

El deber de la prensa en Cuba (II): la esfera pública



No es menester buscar responsables de los problemas, es más urgente encontrar sus soluciones. Ya quedará para otro momento cuando, sin espíritu revisionista sino con una mirada objetiva y de utilidad, se estudien y expongan los sucesos pasados.
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En ese afán, hemos preferido concentrarnos en aquellas responsabilidades que, a nuestro juicio, corresponden a la prensa en las actuales circunstancias del país, cuando se actualizan modos y formas de hacer y pensar cuanto se ha hecho hasta ahora. Hemos comprendido claramente, al menos en su forma aunque quizás no tanto en su esencia, cuánto ha cambiado el mundo y en qué medida debemos transformar nosotros mismos nuestra realidad, si no queremos ser absorbidos por fuerzas poderosas o enviados a la periferia donde pululan los olvidados.
En todas las esferas del acontecer nacional se siente un movimiento, a veces demasiado lento, a veces ingenuo, pero movimiento al fin, hacia alguna parte. Y mientras todo esto sucede cabría esperar de la prensa una actitud otra, y la razón se sustenta en su papel movilizador, tan esencial para sumar cabezas pensantes y brazos actuantes a esta inmensa obra colectiva.
El deber de la prensa en Cuba (I): el periodismo útil
Aunque por ahora hemos preferido concentrarnos en la prensa y su función social, no olvidemos que no corresponde la responsabilidad de la ausencia de una verdadera esfera de debate público en Cuba solo a este componente de la sociedad: tienen ahí también su importante cuota de responsabilidad los intelectuales, el sistema educativo, la esfera cultural, el sector político…
Aun se recuerdan las polémicas de los años sesenta, cuando iniciaba la Revolución y una pequeña isla, que había formado parte de la periferia olvidada del capitalismo occidental, era noticia con fuerza inusitada en todas partes. Lo que pudo ser un debate privado entre un reducido grupo de intelectuales, artistas y políticos, se convirtió en asunto de interés público tanto por su contenido trascendental como por el papel amplificador que jugó la prensa.
El dilema de ser periodista
Heredera de una larga tradición de reconocimiento de la esfera pública y su importancia para construir consenso en torno a las ideas, poco puede presentarse en décadas posteriores como continuidad de lo acontecido en aquella primera etapa inicial de la Revolución. Quizás por exceso de confianza en el papel que debían jugar otras intuiciones y esferas de la vida nacional; quizás por el calco y la copia de otros modelos, sin análisis y reajuste a las condiciones reales; quizás por incompetencias profesionales; quizás por falta de exigencia mayor por parte de los destinatarios (a quienes preferiría denominar como “dialogantes”).
A veces creo que hemos olvidado hasta lo que en esencia el propio Carlos Marx, como muchos otros teóricos del comunismo, decía sobre el papel de la prensa en la sociedad. De tal modo lo escribía en la Gaceta Renana del 15 de mayo de 1842:
La prensa libre es el ojo siempre abierto del espíritu del pueblo, la personificación de la confianza que un pueblo tiene en sí mismo, el lazo parlante que une a los individuos con el estado y con el mundo, la cultura incorporada que transfigura las luchas materiales en luchas espirituales e idealiza su basta (sic) figura material. Es la confesión sin miramiento que hace un pueblo ante sí mismo, y es sabido que la fuerza de la confesión es liberadora. Es el espejo espiritual en el que un pueblo se contempla a sí mismo, y la autocontemplación es la primera condición de la sabiduría. Es el espíritu del Estado que se puede llevar hasta cada choza con menos costo que el gas de la materia. Es universal, omnipresente y omnisciente. Es el mundo ideal que mana continuamente del real y fluye nuevamente a él, animando siempre un espíritu cada vez más rico.
Habrá quien en actitud ingenua y en defensa propia, esgrima como ejemplos los reducidos debates que, con especial fuerza desde finales de la década del noventa, han venido suscitándose en determinados sectores. A esto se refiere Raúl Garcés en artículo publicado en el sitio digital de la revista Temas con fecha 25 de enero de 2016:
Un tema que hemos defendido entre nosotros es que una cosa son los debates para cien o doscientas personas reunidas físicamente, y otra bien distinta la amplificación de ese debate a escala masiva. Yo creo que los medios de comunicación estamos llamados— es una de las misiones que tenemos como parte de  nuestro encargo social—, a masificar los debates, a articular los diferentes debates que se puedan producir en una sociedad  y darle un carácter masivo, para que la ciudadanía participe de él.
Yo creo que por las características y las razones que sean, en nuestra sociedad muchas veces nos quedamos con fragmentos de debates, con debates atomizados, que ocurren en Último Jueves, en Catalejo, en la Asociación Hermanos Saíz, pero no tienen la posibilidad de articularse entre ellos y convertirse en debate también para los medios de comunicación, con un carácter masivo y con el involucramiento de la sociedad en un proceso deliberativo de alcance mayor.
No hay dudas de que requerimos, como nación que se piensa a sí misma todo el tiempo, una esfera pública mucho más activa, cuestionadora de sus dirigentes y las políticas que se implementan, porque así y solo así se garantizará ese primer paso tan necesario para lograr la participación: sentirse parte. ¿Pero parte de qué? De la sociedad en primera instancia, pero también del proceso político, económico y cultural al que hemos dedicado los últimos 58 años; parte activa y responsable; parte esencial en tanto se reconozca como impulsora y receptora de los proyectos que impulsamos como conjunto.
En correspondencia con lo planteado más adelante en el sitio digital de Temas por el propio Raúl Garcés, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana:
Yo creo que esta sociedad ha ido madurando cada vez más la posibilidad de convertirse en una sociedad deliberativa, sin agredirse u ofenderse entre los que deliberan.
(Por Eduardo Pérez Otaño)
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22 de febrero de 2017

El deber de la prensa en Cuba (I): el periodismo útil



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El peso de la historia y de las circunstancias es innegable. Desde todo punto de vista que aspire a analizarse algún asunto de interés público, ambas perspectivas permiten trazar el sendero por donde deben encausarse los debates francos y aportadores.
No es problema de hoy, aunque lo parezca. El periodismo útil, y entiéndase como tal no únicamente al periodista como sujeto, sino al resultado de su labor, ha constituido necesidad para el progreso de la nación. Allá a finales del siglo XVIII, cuando comenzaba a hacerse común el ejercicio del periodismo, estuvo siempre matizado por el interés de diferenciarse de aquel que se hacía en la Metrópoli.
Con claro sabor criollo, en el siglo XIX asumiría la prensa responsabilidades importantes dentro de la formación de la nacionalidad cubana. El punto culminante de su utilidad estuvo en la obra martiana, quien entendió como pocos, el papel que le corresponde a cada hombre en su tiempo.
Resulta curioso, cuando menos, la lectura de aquel texto que un joven José Martí escribiera en el Diablo Cojuelo el 19 de enero de 1869:
Nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo. Poco me importa que un tonto murmure, que un necio zahiera, que un estúpido me idolatre y un sensato me deteste. Figúrese usted, público amigo, que nadie sabe quién soy: ¿qué me puede importar que digan o que no digan?
Asocia el naciente periodista al ejercicio de la escritura el concepto de público, tanto en la acepción referente al destinatario del mensaje como a aquella que define el espacio en que se da el debate. No teme tampoco a que su mensaje pueda generar murmuraciones ni zaherir ni promover falsas idolatrías. Por sobre todo eso pone el compromiso de ser consecuente, de asumir el deber que a la prensa corresponde en el entorno público.
Porque para Martí, allá en el lejano 1869:
Esta dichosa libertad de imprenta, que por lo esperada y negada y ahora concedida, llueve sobre mojado, permite que hable usted por los codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica (…)
Defiende entonces el derecho a decir lo que incomoda, lo que levanta roncha porque se sustenta en la verdad. Aunque moleste a algunos, entiende necesaria a esta última para azuzar a quien no reconoce el estado de cosas.
Mas, volviendo a la cuestión de libertad de imprenta, debo recordar que no es tan amplia que permita decir cuanto se quiere, ni publicar cuanto se oye.
Porque la prensa debe decir sobre lo que se quiere y se oye, porque le corresponde el compromiso con la verdad pública, con la utilidad de la palabra. He ahí uno de los principios fundacionales del periodismo cubano: la utilidad de la palabra puesta en función del interés público.
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¿Pero del interés público de quién? ¿De aquellos que representan unos pocos en posiciones empoderadas, con acceso a los espacios que multiplican su voz y les hace erigirse en verdades incuestionables? ¿O acaso la prensa debe encargarse de aquellos asuntos de interés público, entendiendo a este como la mayoría que vive y padece las necesidades de la nación?
En su conocido poema Abdala, dedicado en espíritu y esencia a la recién iniciada gesta libertadora del 10 de octubre de 1868, bajo el título agrega José Martí a modo de aclaración necesaria: “Escrito expresamente para la Patria”. He ahí otro gran deber de la prensa cubana.
Ya en Lecturas de Steck Hall, en la ciudad de Nueva York, el 24 de enero de 1880, alertaba el avezado orador:
El deber debe cumplirse sencilla y naturalmente. No a un torneo literario, donde justen el trabajado pensamiento y la cuidada frase,—no a recoger el premio de pasados y presentes dolores, que por ser menos graves que los que otros sufrieron, más que enorgullecerme, me avergüenzan;— no a hacer destemplada gala de entusiasmo y consecuencia personales vengo,—sino a animar con la buena nueva la fe de los creyentes, a exaltar con el seguro raciocinio la vacilante energía de los que dudan, a despertar con voces de amor a los que—perezosos o cansados— duermen, a llamar al honor severamente a los que han desertado su bandera.
Sabe bien Martí, y así lo insiste una y otra vez, que el deber es de todos y corresponde a todos un papel importante. Para ello los convoca, los orienta, les escribe:
Esta no es sólo la revolución de la cólera. Es la revolución de la reflexión. Es la conversión prudente a un objeto útil y honroso, de elementos inextinguibles, inquietos y activos que, de ser desatendidos, nos llevarían de seguro a grave desasosiego permanente, y a soluciones cuajadas de amenazas. Es la única vía por [la] que podemos atender a tiempo a intereses que están a punto de morir, que son nuestro único elemento de prosperidad económica, y que nada tienen que esperar de intereses absolutamente contrarios.
La prensa tiene en sí misma el deber natural de velar por los asuntos de interés público. Del desconocimiento de esto nada bueno ha aprendido la nación, ni en tiempos pasados ni presentes. No puede construirse modelo de país alguno, sin el debate general y generalizado de esas cuestiones que, a veces abstractas y otras muy particulares y concretas, atañen a todos como conjunto.
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Nada bueno puede lograrse tampoco si se permite que sean otros, en nombre de intereses contrarios, quienes ocupen espacios que corresponden a la prensa cubana, bien por ineficacia de esta, bien por complacencia, bien por incumplimiento de su deber primero que, ¿alguien lo duda?, consiste en ser el ojo avizor, la voz común y la espada pública. No puede la prensa rehuir de su deber ni acomodarse ni confiar en que otros hagan lo que le corresponde.
Como asegura José Martí en su Discurso en Steck Hall, recogido en las Obras Completas y que presumiblemente daría a conocer en el propio año de 1880:
La opinión enérgica es tan poderosa como la lanza penetrante: quien esconde por miedo su opinión y como un crimen la oculta en el fondo del pecho y con su ocultación favorece a sus tiranos, es tan cobarde, como el que en lo recio del combate vuelve grupas y abandona la lanza al enemigo.

(Por Eduardo Pérez Otaño)
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21 de febrero de 2017

Apuntes para una historia no contada: el quinquenio gris (Parte IV y final)



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Los tentáculos del pavonato 
Afirma Ambrosio Fornet:
«Si en lugar de definir el pavonato por su mediocridad lo defino por su malignidad, tendría que verlo como un fenómeno peligroso y grotesco, porque no hay nada más temible que un dogmático metido a redentor y nada más ridículo que un ignorante dictando cátedra. Hay hechos del período --incluso de finales del período-- que pueden considerarse crímenes de lesa cultura y hasta de leso patriotismo, como lo fue el veto que en 1974 se le impuso a la publicación en Cuba de Ese sol del mundo moral, de Cintio Vitier, un ensayo martiano y fidelista que explica como pocos por qué la inmensa mayoría de los cubanos se enorgullecen de serlo. Como buenos guardianes de la doctrina, los censores advirtieron de inmediato que no era una visión marxista de la historia de Cuba. Así que apareció primero en México que aquí; de hecho, aquí demoró veinte años en publicarse, no sé si por inercias dogmáticas o por simple desidia editorial».
El ambiente represivo no solo se manifestó en el sector de la cultura, entendiendo como tal la música (donde se destaca la prohibición de las producciones de grupos tan afamados como The Beatles), el cine, el teatro o la literatura, sino que también llegó a extender sus garras a campos tan poco imaginables como la arquitectura.
Según lo refleja el destacado arquitecto Mario Coyula en la conferencia El Trinquenio Amargo y la ciudad distópica: autopsia de una utopía, impartida el 19 de marzo de 2007 en el Instituto Superior de Arte, como parte del ciclo La política cultural de la Revolución: memoria y reflexión, organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios, «en las ciudades y la arquitectura cubana contemporáneas también aparecieron, con algunos matices propios, los efectos de la misma política cultural rígida e impositiva que dañó el pensamiento, la literatura, el teatro y otras manifestaciones intelectuales y artísticas en los años 70».
Y argumenta más adelante:
«Dejando heridas individuales aparte, el aplanamiento que caracterizó a la política cultural de los 70 en la literatura, el teatro y las artes plásticas pudo recuperarse en buena medida con una posterior reapertura que incluyó la rehabilitación pública de creadores que habían sido perseguidos o apartados. En la producción del entorno construido, el golpe fue más impersonal, pero también más duradero».
El Quinquenio Gris constituyó en el amplio sentido de la palabra, un reflejo del más puro extremismo al que puede llegar una sociedad ciega, que se guía por principios importados, que se dedica a buscar fuera lo que está dentro. Las experiencias vividas durante aquellos largos años no dejan margen a dudas. Ni la fe más grande del mundo, ni la convicción más fuerte, pueden hacernos creer que tenemos la razón, que somos los únicos con el derecho a tomar decisiones que afectan la vida de miles de seres humanos.
Como expresara Fidel Castro en una ocasión, «las ideas no se matan», y tampoco se logra tal cosa con la expresión más genuina de una sociedad: el arte, o con sus responsables, los creadores.
Como alerta Ambrosio Fornet:
«…de la vieja sociedad heredamos, unos y otros, la noción de que la mayoría de los intelectuales y artistas --por lo menos los que no ejercen actividades realmente lucrativas-- son una suerte de “parásitos”. Que un centro rector de cultura contribuyera a reforzar ese prejuicio era una imperdonable muestra de fariseísmo e incapacidad. En todo caso, el CNC tenía muy claro que había que arrinconar a los “viejos” --incluidos los que por entonces apenas teníamos cuarenta años…, pero que por lo mismo ya estábamos “contaminados”-- para entregarles el poder cultural a los jóvenes con el fin de que lo ejercieran por conducto de cuadros experimentados y políticamente confiables. Me atrevo a decir que en 1975 el pavonato, como proyecto de política cultural, estaba agonizante. Pero si es cierto, como creo, que lo más característico de esa etapa es el binomio dogmatismo/mediocridad, la merma de poder no podía significar su total desaparición, porque mediocres y dogmáticos existen dondequiera y suelen convertirse en diligentes aliados de esos cadáveres políticos que aún después de muertos ganan batallas».
Hablar de aquellos cinco años no es solo un intento de poner el dedo sobre la herida, sino también la oportunidad para convocar a una reflexión. Los ilusos que piensen que el objetivo es sencillamente desacreditar o tergiversar determinados conceptos aplicados a lo largo del proceso revolucionario pecan de inocentes.
Como señala Desiderio Navarro en la conferencia La política cultural del período revolucionario: Memoria y reflexión, «no se trata de Pavón y sus desmanes, sino de cuánto sobrevive aún --hasta inconsciente en muchas cabezas-- de la visión del socialismo y la democracia que lo inspiró. En última instancia, no se trata del mustio color de un viejo quinquenio, sino del color de nuestro futuro».
Algo queda bien claro: podrán determinados sectores de la sociedad intentar acallar a quienes molestan por sus verdades, podrán incluso silenciarlos por un tiempo, mas no debemos olvidar que cuando al fin resurjan como aves fénix, su fuerza, su credibilidad y su respaldo moral, al estilo del soldado prisionero que al cabo de largos años es liberado, se multiplicarán.
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20 de febrero de 2017

El dilema de ser periodista: que continúe el debate



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Martí demostró con sobrados ejemplos la valía de hacer una obra periodística ajustada a las condiciones en que se desarrolla, y sin perder el necesario papel de vanguardia. Cuba, a más de un siglo de aquella época que viera obrar al Maestro, también exige de las bondades de esta profesión.

Mas por momentos parece el periodismo quedar dormido o carente de energías suficientes. En otros es banal, superfluo, poco profundo, e incluso, irreal. En ocasiones se torna incapaz de encontrar el punto exacto, de tocar el nervio que hace temblar el cuerpo…

Ahora bien, no todo cae sobre los periodistas. La mentalidad cierra muchas veces los caminos imponiendo el secretismo y la falta de reconocimiento a lo que pudiera ser una vía de progreso, un instrumento para el triunfo.

No son pocos los dirigentes que niegan una respuesta precisa, o la enmascaran con las mismas palabras de siempre vacías de significado, o exigen permisos innecesarios, autorizaciones, papeles y más papeles, y al fin… nada.

Los frenos son reales, están ahí, y siempre lo estarán. ¿Son acaso más fuertes en estos tiempos o se carece de voluntad?

¿La censura? Sí, existe y es necesaria, a juicio de quien estas líneas escribe; pero no debe convertirse en el látigo que azota, sino en el maestro que, justo a tiempo, pone mesura en las acciones de sus aprendices.

Leo ahora fragmentos de Una Prensa Libre y Responsable, por The Commission on Freedom of the Press (Comisión Hutchins), publicado hace setenta años, y estos arrojan más luz sobre la cuestión:

Hoy nuestra sociedad requiere, primeramente, una entrega verdadera, completa, inteligente y analítica del acontecer diario en un contexto que les dé sentido. En segundo lugar, se busca un foro para el intercambio de opinión y crítica. Tercero, se requiere un medio para proyectar e intercambiar las actitudes y opiniones de los distintos grupos sociales. Cuarto, una forma de presentar y clarificar las metas y valores de la sociedad. Quinto, buscar una manera de llegar a cada miembro de la sociedad con las corrientes de pensamiento, información y sentimiento que la prensa provee.

Son estas las misiones del periodismo cubano de hoy, un periodismo que además de arma de combate sea también arma de reflexión, tan necesaria y urgente en estos días.

No puede ser el periodista el lobo de la sociedad, ni verse como el enemigo del progreso. Es imprescindible que juegue su papel de guía inteligente, efectivo y eficaz, con el empleo del verbo ágil, aunque hiera. Son estas heridas necesarias para evitar males mayores. Llegará el tiempo en que la presencia de un profesional de la prensa no genere interrogantes sino exclamaciones.

Y en ese afán aspiramos a que continúe el debate sobre qué modelo de prensa demanda el país que construimos día a día. (Por Eduardo Pérez Otaño)
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