30 sept. 2015

La historia del bueno y el malo



La historia del bueno y el malo
Imagen tomada de Internet

De buenos y malos está llena la historia de la humanidad. Bueno era Jesús y malos los fariseos que terminaron consiguiendo la condena de Poncio Pilatos. Bueno era el pueblo francés y malo el rey con su monarquía. Bueno era el pueblo judío y malo Hitler y el fascismo.

De uno a otro extremo, pueden aparecer infinitud de puntos medios, pero aun así la tendencia natural es a la izquierda (entiéndase los buenos) o a la derecha (ahora sí, los malos).

Tampoco podemos negar que quienes un día fueron buenos mañana pueden pasar a ser los malos y viceversa. Al final es lo mismo.

Inspirados por la dialéctica marxista diríamos entonces que todo es transformable, incluso las percepciones sobre lo positivo y lo negativo. El contexto y sus realidades, diría el bueno de Marx, pueden más que viejas ideas no ajustadas al minuto cotidiano.

24 sept. 2015

Ser o no ser… Polémicas culturales en los ‘60 (Parte II)



 “El arte no es propaganda, y ni en nombre de la
Revolución resulta lícito el escamoteo de sus significaciones”.
Alfredo Guevara

  
I. En la revolución, todo…
Con el triunfo de enero del 59 se abría para la nueva dirigencia cubana, respaldada por las masas populares, un número importante de retos. El contexto era particularmente complejo: con el fin de la II Guerra Mundial había iniciado la denominada Guerra Fría que enfrentaba a dos grandes visiones del mundo. Por una parte el socialismo en construcción con aspiraciones por lograr y de la otra el capitalismo consolidado con más de dos siglos de historia. El planeta, en constante reparto, se debatía por alineaciones de un lado y de otro. Y la cultura no estaba exenta de la lucha de contrarios.

De ahí que “el triunfo de la Revolución Cubana se producía en un punto de giro de la historia, cuando los caminos parecían bifurcarse, y se inscribía, a pesar de haber surgido de manera autónoma, en un panorama internacional caracterizado por señales de cambio y por una intensificación del debate de ideas. Proyectada hacia el mundo exterior, la isla, hasta entonces circunscrita a su condición periférica, se convertía en imagen simbólica de una nueva realidad política con repercusiones en el campo cultural”.(Pogolotti, 2006, pág. VI)

Resulta interesante cómo se multiplican quienes consideran, al parecer, que la cultura cubana surge con la Revolución, desconociendo así una amplia producción en el campo artístico e intelectual, que se había enfrascado durante toda la época republicana, e incluso desde mucho antes, en la construcción de un proyecto de nación.

23 sept. 2015

Ser o no ser… Polémicas culturales en los ‘60 (Parte I)



 “El arte no es propaganda, y ni en nombre de la
Revolución resulta lícito el escamoteo de sus significaciones”.
Alfredo Guevara
Tras las esencias…
¿Cómo se construye el pensamiento cultural de una nación? Sin pretensiones de dar respuesta a semejante interrogante, estas líneas pretenden acercarse a un período fundamental en la génesis de un proyecto de nuevo tipo sin antecedentes en la historia del continente.

La gestación de los sesenta marcaría el parto de los setenta y con ello el definitivo nacimiento de un país que pretendía –y pretende aun- construir un modelo ajustado a sus necesidades e intereses. De esa década crítica, por la confluencia de múltiples posiciones y miradas sobre cómo hacer Revolución, queda mucho por investigar y decirse.

Luego del 31 de diciembre de 1958 todo y nada cambió: había triunfado la primera Revolución en América pero la estructura neocolonial, a excepción de Batista y unos pocos de sus más cercanos colaboradores, seguía siendo la misma.

La génesis de un nuevo país requería entonces de cambios profundos a todos los niveles: en lo económico, en lo político, en lo cultural… Los retos, en la larga década que comenzaba para aquel grupo de barbudos soñadores que nunca imaginó la tarea que les esperaba, surgieron por todas partes.

16 sept. 2015

Francisco, el Papa hereje



Si Juan Pablo II viviera no tengo dudas de que habría ordenado ya la excomunión de Francisco. Junto a un Papa emérito habría en la Casa de San Pedro otro hereje, un dueto interesante para una Iglesia que ha entrado al tercer milenio de la era cristiana plagada de deudas consigo misma y con sus seguidores.

¿Renuncia o escape? El mundo entero debatió en su momento a la vez que ponía en duda las verdaderas justificaciones esgrimidas por Benedicto XVI para retirarse de la silla de San Pedro. Para no pocos, la cúpula pareció derrumbarse sobre los hombros de un mortal pecador, como el resto de la humanidad, si nos atenemos a los más estrictos principios bíblicos.

La misma iglesia que el Santo Juan Pablo II intentó hacer entrar al nuevo milenio libre de toda culpa, aunque para ello fuera necesario pedir perdón por hechos tan escandalosos como la condena a Galileo por su oposición a reconocer que la Tierra era el centro del universo y la quema de Giordano Bruno, no pudo librarse de los escándalos por corrupción, principalmente en la Banca Vaticana.

Junto a los turbios manejos de las finanzas del Estado más pequeño del mundo pero el de dominio más universal, se venían sumando los relacionados con la pederastia, la férrea oposición a una mayor incorporación de la mujer a la vida religiosa, lo relacionado con las comunidades de diversidad sexual, el aborto, entre otros asuntos no menos complejos.

¿Política religiosa o religión política?
Juan Pablo II –también conocido como el Papa Viajero- hizo del Vaticano y la institución religiosa en sí misma un instrumento político. La Santa Sede pasó a convertirse durante su pontificado en un actor importante e implacable, aunque silencioso, en la reconfiguración del mapa geopolítico mundial.

Se dice que el presidente norteamericano Ronald Reagan contaba entre sus favoritos al heredero de San Pedro, por reconocer en él a